Proyecto Burbuja


Con los eventos recientemente ocurridos, Guatemala ha demostrado que vive una crisis institucional y no sabe ni para dónde ir. El Gobierno ha recibido un jaque y está a punto de recibir el mate; pero quizá ése no es el análisis que hay que hacer, sino de aprovechar la coyuntura para repensar, de una vez, en algo mejor.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Los guatemaltecos somos muy dados a observar todo de frente, y nuestra miopí­a nos obliga a acercarnos al momento preciso, y no nos permite darnos cuenta de la globalidad del asunto. Porque, si nos alejásemos, nos daremos cuenta que también padecemos de astigmatismo y esto es mucho peor, porque no hay mucha receta para ello.

 

En fin, todas las instituciones están en crisis, sobre todo por las sobradas razones que ya conocemos del Organismo Judicial, que apenas condena el 2 por ciento de los crí­menes; el Congreso de la República que se avienta leyes que aún tienen cuestiones por pulir, como la Ley de Armas; o la Contralorí­a de Cuentas que, ante su deficiencia, se deben crear aparatos paralelos, como la Ley del Acceso a la Información, para suplir la labor que esta institución no ha hecho.

 

Pero, en la lí­nea de fuego de las últimas horas, se encuentra el Gobierno, que también sufre una crisis, quizá peor que las demás. Lo que ocurre es que el guatemalteco cree que el Presidente es una especie de superfigura que todo lo puede, el Jefe del Estado de Guatemala -al estilo de un dictador- que domina todo el paí­s.

 

Y cuando uno ve al actual presidente, que no sabe responder ni dar la cara correctamente ante la crisis (porque no sólo es ahora, sino otras veces, como la crisis del transporte público, cuando no supo dar confianza), nos damos cuenta de que carecemos de liderazgos fuertes, con ideas claras y serenas, y que además sean carismáticos y empáticos con la población.

 

La actual crisis puede servir para que grupos que ansí­an este poder Ejecutivo puedan posicionarse mejor hacia las Elecciones 2011, o, mejor aún, de una vez ostentar el puesto. ¡Qué más quisieran! Tenerse que evitar el cabildeo de las propuestas de reforma en un Congreso dividido, que además se intenta ser disuelto, y evitarse trancas constitucionales.

 

Creemos que este Gobierno ya está listo para la hoguera pública en el Parque Central, y cabrí­a preguntarse que quién de los jefes de Estado, de los últimos 30 años, ha estado siquiera un mes tras las rejas. Porque no me vayan a decir que no ha habido peores presidentes y que han hecho acciones más atroces, como masacres y cosas por el estilo.

 

Y no somos capaces de ver que lo que nos espera mañana, dentro de un mes, o para las Elecciones del 2011 (o 2015, 19, 23, etc., da igual), es lo mismo de lo mismo.

 

Creemos que alguna figura pública, tipo mesiánica, puede venir a salvarnos. Y creyendo y creyendo se nos han pasado 25 años de «democracia» electoral, con evidentes decepciones.

 

Yo creo que lo único que salvarí­a a este paí­s es un proyecto burbuja. Formar a profesionales que de acá en 15 ó 20 años sean capaces de dar soluciones. Burbuja, porque deberí­an de ser capaces de no enredarse en el acontecer y la polí­tica del momento, sino más bien curarse de astigmatismo y de miopí­a. Por el momento, no se ve solución ni con este Gobierno ni con cualquier figura que esté lista para reemplazarlo.