Francia vivía el martes una nueva jornada de huelgas y protestas contra la reforma de la jubilación impulsada por el presidente Nicolas Sarkozy, que anunció medidas para enfrentar la escasez de combustible y amenazó con recurrir a las fuerzas del orden para evitar «desbordamientos».

El ministerio del Interior había contabilizado al mediodía 480.000 personas en las marchas, poco antes de la protesta de París, en esta sexta jornada de movilización desde inicios de septiembre, marcada por perturbaciones del tráfico aéreo y por algunos incidentes en torno a colegios secundarios, cada vez más presentes en las calles.
Las huelgas iniciadas hace ocho días en las doce refinerías de Francia y el bloqueo de algunos depósitos de combustible dejaron ya sin carburante a 2.500 de las 12.500 estaciones de servicio del país, según fuentes del sector.
Sarkozy anunció que tomará medidas contra el bloqueo de refinerías, «porque hay gente que quiere trabajar y no debe ser privada de combustible».
Según el primer ministro francés, Francois Fillon, el gobierno pondrá en marcha un «plan de traslado de combustible» para abastecer a las estaciones de servicio, pues «un tercio» de los 96 departamentos de Francia sufren escasez de carburante.
Sarkozy afirmó desde Deauville (norte), donde participó en una cumbre franco-ruso-alemana, que también tomará medidas para que «se garantice el orden» y se eviten «desbordamientos».
Y reiteró su determinación de seguir adelante con la reforma, actualmente en su tramitación final en el Senado, que prevé elevar de 60 a 62 años la edad mínima para jubilarse y de 65 a 67 años la edad para cobrar una pensión completa.
«El mayor desbordamiento sería no cumplir mi deber y no prever la financiación de las jubilaciones», insistió el mandatario conservador, sin mostrarse dispuesto a «escuchar la magnitud de la protesta» y «negociaciones con los sindicatos», como se lo pidió el martes el secretario general de la CGT, primer sindicato de Francia, Bernard Thibault.
El movimiento social seguía extendiéndose a los jóvenes, con algunos incidentes en Nanterre (noroeste de París) y Lyon (centro-este), donde grupos de jóvenes -muchos encapuchados- quemaron algunos vehículos y dañaron material urbano.
Una muchacha de 15 años resultó herida tras estallar una motocicleta cerca de un contenedor de basura en llamas frente a su colegio en el sur de la capital, indicaron fuentes municipales.
Una decena de las 83 universidades del país estaban bloqueadas, según la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF).
La huelga afectaba también al tráfico aéreo, con la anulación del 50% de los vuelos en el aeropuerto parisino de Orly y del 30% en los aeropuertos de Roissy Charles de Gaulle y del interior.
El tráfico ferroviario también se veía afectado, igual que la circulación en diversos puntos del país, donde los camioneros efectuaban «operaciones tortuga» y grupos de manifestantes bloqueaban el ingreso a fábricas, plantas industriales, depósitos de combustible o aeropuertos, como en Burdeos.
Con diversos grados de adhesión, en algunos casos superiores al pasado martes, la huelga era seguida en correos, telecomunicaciones, educación, guarderías, radios públicas, recolectores de residuos en algunas ciudades y hasta transportadores de caudales.
Los sindicatos, que convocaron a más de 260 manifestaciones, lanzaron un llamamiento «a la calma», poco antes del inicio de la manifestación parisina, a las 13H30 locales (11H30 GMT) desde la Plaza de Italie.
Según sondeos, esta nueva jornada de protestas cuenta con el apoyo del 71% de los franceses.
El martes pasado, los sindicatos lograron sacar a las calles a 3,5 millones de manifestantes -1,2 millones según el gobierno- un récord de participación.
La reforma, cuya aprobación parlamentaria definitiva, en el Senado, estaba prevista para el miércoles, podría ser aplazada hasta el fin de semana, cuando empiezan 10 días de vacaciones escolares.