Las manifestaciones callejeras continuaban en Brasil hoy para protestar por la mala calidad de los servicios públicos pese a los elevados impuestos y precios.
En una de las varias protestas reportadas, cerca de 200 personas bloquearon la carretera Anchieta que une a Sao Paulo con la ciudad portuaria de Santos. Los manifestantes se retiraron después de dos horas y se dirigieron al suburbio industrial de Sao Bernardo do Campo, en las afueras de Sao Paulo.
En Fortaleza, al noreste del país, los manifestantes bloquearon la principal carretera de acceso al estadio donde Brasil jugará contra México hoy como parte de la Copa Confederaciones.
La Policía desvió el tráfico de la carretera debido a los cientos de manifestantes congregados cerca de la Arena Castelao en Fortaleza. Entre los automóviles atorados en el tránsito había vehículos oficiales de la FIFA que luchaban por llegar a la sede del partido de la fase de grupos.
El martes por la noche, decenas de miles de brasileños tomaron las calles para protestar por los altos costos y la corrupción en el gobierno.
Ese fue el mismo mensaje de los manifestantes en Sao Paulo, en donde más de 50 mil personas se congregaron frente a la catedral principal de la ciudad el martes por la noche. Aunque la mayoría de las protestas fueron pacíficas, igual que las de la noche previa, que atrajeron a 240 mil personas en todo Brasil, pequeños grupos de radicales se separaron de la multitud para enfrentarse a la Policía y entrar a las tiendas.
Fernando Grella Vieira, jefe del departamento de seguridad pública del estado de Sao Paulo, dijo que 63 personas fueron detenidas durante las protestas del martes.
Las protestas masivas se han multiplicado en Brasil desde las concentraciones convocadas la semana pasada por un grupo de indignados por el alto costo del deficiente sistema de transporte público y una reciente alza de 10 centavos en las tarifas de autobús y metro en Sao Paulo, Río de Janeiro y otras partes.
Los gobiernos locales de al menos cuatro ciudades han acordado revertir esos aumentos, y políticos municipales y federales han dado señales de que el incremento en la tarifa de Sao Paulo también podría ser revertido. Sin embargo, no se sabe si eso calmará al país, porque las protestas han permitido a los brasileños ventilar su descontento por las dificultades de la vida.
La presidenta Dilma Rousseff, una ex guerrillera izquierdista que fue encarcelada y torturada durante la dictadura de 1964 a 1985 en Brasil, elogió las protestas por generar preguntas y fortalecer la democracia brasileña. «Brasil se despertó hoy más fuerte», dijo en un comunicado.
Sin embargo, Rousseff no ha ofrecido acciones que su gobierno podría emprender para hacer frente a las denuncias, a pesar de que su administración es una de las principales quejas de los manifestantes.