No cabe duda que los motoristas que se sienten afectados por la disposición de restringir el uso de sus vehículos para llevar pasajeros que acompañen al conductor están realmente molestos y lo demuestra la forma en que se han ido sumando a una protesta que resulta muy orquestada por la forma en que se planifican los desplazamientos del contingente de motocicletas.
Para el Gobierno es un verdadero reto esta situación, puesto que la dificultad para transitar por la ciudad, que de ordinario ya es alta, se ha visto incrementada por las protestas que recorren puntos estratégicos y con gran capacidad de movilización desafían a la fuerza pública que trata de dispersarlos. Y lo es porque definitivamente no hubo planificación previa y adecuada preparación para implementar una disposición que, publicada en el diario oficial, nadie cumple porque hasta la misma Municipalidad de Guatemala hace llamados a la gente para que no compre chalecos en espera de que el color de los mismos sea cambiado por el gobierno.
Ya habíamos dicho que podría generarse un fiasco enorme si las autoridades no eran capaces de implementar una medida que, según ellas, es crucial para contener la ola de violencia. Y el caso es que obviamente no atinan a cómo es que deben actuar para que la disposición cobre efectiva vigencia y el desafío que ahora plantean los afectados es importante y se suma a esas especiales características que hacen pensar en un Estado demasiado frágil, casi fallido, que no es capaz de administrar correctamente la justicia, de garantizar la seguridad de los ciudadanos y, ni siquiera, de hacer que se cumpla un reglamento de tránsito.
En el fondo todo esto es consecuencia, como siempre nos pasa, de la improvisación que se manifiesta en medidas que no han sido lo suficientemente pensadas y que se adoptan sin prepararse para lograr su efectiva implementación. De hecho, la población está muy dividida en cuanto a la prohibición porque se entiende que para cientos de miles de personas la moto es un vehículo de transporte indispensable en un país que no tiene servicio público eficiente. Cierto que las motos son usadas por los sicarios, pero en el fondo ese vehículo les sirve porque en Guatemala transita sin ordenamiento ni respeto a ninguna normativa vial.
Entre las obras que realiza la Municipalidad en diversos sitios para ampliar el transmetro, el cotidiano relajo de nuestro sistema vial y las protestas de los motoristas, la ciudad se está convirtiendo en un calvario que pone a prueba la capacidad de las autoridades y que evidencia cuán seria es la ingobernabilidad. Los ciudadanos observamos expectantes a ver cuál es el siguiente paso de las autoridades, con el temor de que sea otro fracaso.