Protesta mundial por decisión del Parlamento Europeo


La protesta contra la lamentable decisión del Parlamento Europeo de aprobar la Directiva Retorno, se expresó públicamente con un inmenso malestar mundial de gobiernos, organizaciones de derechos humanos, medios de comunicación e instituciones vinculadas al tema migratorio. Este hecho explica las declaraciones de Jaques Barrot, vicepresidente de la Comisión Europea, quien calificó de malentendidos las reacciones en contra del Parlamento Europeo.

Carlos Cáceres

Las declaraciones de quienes se presentan como funcionarios de la Unión Europea tratando de confundir la realidad, sólo demuestra la verdadera cara de parlamentarios incapaces de comprender la Declaración Universal de Derechos Humanos. Resolvieron olvidarse de sus normas y optar por la fuerza y métodos de violencia en un afán inútil para detener la migración laboral.

Es imposible comprender las motivaciones de los representantes del Parlamento Europeo para aprobar que inmigrantes indocumentados, incluyendo a menores de edad, puedan ser atrapados en redadas con el propósito de trasladarlos a centros especiales de detención hasta por seis meses -lo cual puede alargarse por año y medio- mientras se tramita la expulsión y no podrán regresar en cinco años. Este criterio es claro. No se puede interpretar de otra manera. Su inmediata implicación es agredir la dignidad de seres humanos.

Olvidaron los integrantes del Parlamento Europeo de sus principios para defender los derechos de hombres y mujeres. La libertad e igualdad, por la cual los europeos han luchado durante años, hoy son palabras sin sentido para los parlamentarios que votaron a favor de la ley. Es difí­cil comprender cómo se perdió la visión de considerar a la migración como un derecho humano y se esgrime una ley aprobada por mayorí­a para eliminar principios como la equidad. La Directiva Retorno significa un retroceso social. Es el retorno a posiciones del pasado donde la vida de los seres humanos estaba sujeta a gobernantes impositivos.

Puede afirmarse que, en la actualidad, no existe ninguna región del planeta exenta de corrientes migratorias. Por esta razón extraña el criterio del Parlamento Europeo a cuyos representantes también se les olvidó que su continente es producto de diferentes flujos migratorios. Atrás dejaron los argumentos para regular la migración. Se decidieron por acciones sin racionalidad al optar por la violencia para enfrentar a seres humanos cuyo objetivo es lograr un trabajo que en su paí­s se les niega.

Los factores expuestos explican el rechazo mundial, en especial de las naciones latinoamericanas, para aceptar la Directiva Retorno. Las razones a presentadas señalan, entre otros factores, las implicaciones negativas al vulnerar los derechos de hombres y mujeres. Esta situación se integra a no aceptar lo expuesto por Barrot cuando afirma: «Organizaciones no gubernamentales han leí­do mal las directivas e iniciaron un combate (contra la norma) excesivo». Son declaraciones superfluas. De mal gusto. Fuera de contexto. En Latinoamérica sus habitantes leyeron bien y el contenido de la ley se refiere a represión.

El colmo del cinismo es cuando Barrot le pide tranquilidad a las naciones latinoamericanas. ¿Cómo puede hacer esta solicitud cuando está vulnerando los derechos de hombres y mujeres? Barrot niega la esencia del humanismo cuando recurre a la fuerza y agresión para enfrentar el problema de la migración laboral. Luego amenaza con viajar a «a los paí­ses de América Latina para entrevistarse con lí­deres polí­ticos de la región y hacer las cosas en forma organizada». ¿Su afirmación significa que el Parlamento Europeo cometió errores?

Lo expuesto por Barrot confirma su visión social deformada de Latinoamérica. Y no solo él. También la tienen aquellos representantes del Parlamento Europeo enquistados en posiciones polí­ticas cuya principal expresión es su incapacidad para comprender a las sociedades del mundo. No es con frases mal hilvanadas como convencerá. La única forma de hacerlo es dialogando para tratar con respeto a hombres y mujeres.

La fuerza de trabajo internacional, documentada o no, es necesaria en la mayorí­a de paí­ses europeos. Ciudadanos y ciudadanas trabajan en áreas donde los europeos no quieren laborar. A hombres y mujeres se les paga mal. No tienen prestaciones. Lo hacen por la pobreza en sus paí­ses. Nadie tiene derecho a discriminarlos. Los convenios internacionales relativos a derechos humanos los protegen. Todos ellos han sido firmados por las naciones europeas. ¿Cuál es la razón para desconocer estos factores? No es sembrando rencores y odio como puede elaborarse una polí­tica migratoria. Anular los valores humanos significa discriminar