Una huelga de agricultores contra un alza de impuestos en Argentina, uno de los mayores países agrícolas del mundo, entró hoy en su 13 jornada y en un callejón sin salida, con bloqueos en las rutas y sin que haya negociaciones con el Gobierno.
«La huelga sigue firme hasta que el Gobierno revea las alzas impositivas», amenazó la combativa Federación Agraria, que reúne a unos cien mil pequeños productores, en pie de guerra contra el gobierno de la presidenta Cristina Kirchner.
«A este gobierno no se lo condiciona», reaccionó hoy frente a la amenaza el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, al afirmar que no habrá negociaciones mientras haya medidas de fuerza en las rutas y mercados.
El alzamiento tiene como foco principal a la rica Pampa húmeda, la fértil región central del país, tercer exportador mundial de soja y el primero en aceites y harinas de oleaginosas.
El valor de la nueva cosecha de soja, considerada «el oro verde» del siglo XXI, fue estimado en 24 mil millones de dólares, en tanto que las exportaciones del grano alcanzarán a unos 13 mil millones.
Sobre un total de medio millón de agricultores en todo el territorio, millares de ellos seguían montando guardia en las rutas, entre ellas la 14, llamada del Mercosur, por donde transitan los camiones con mercancías de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil.
«Â¡Si quieren guerra, van a tener guerra!», advirtieron dirigentes de la Federación Agraria, una de las líderes del movimiento, el más grande que se recuerde desde que en 1912 se produjo una protesta de campesinos contra los alquileres abusivos que pagaban a los terratenientes.
Los piquetes (bloqueos) en las rutas comenzaban este martes a provocar faltantes de carne, lácteos y otros alimentos en las góndolas de almacenes y supermercados de esta nación de casi 40 millones de habitantes.
«Se agota el stock de carnes», dramatizó Alberto Williams, presidente de la minorista Asociación de Carnicerías.
La carne es un producto vital en la mesa de los argentinos, que consumen al año y por persona 74 kilogramos de carne vacuna.
Ni un solo animal entró el martes para la venta y faena en el Mercado de hacienda de Liniers, el más grande del país en Buenos Aires, al plegarse a la huelga las Confederaciones Rurales, con unos 100.000 afiliados, en su mayoría medianos y grandes ganaderos.
«Â¡Levanten la huelga!», imploró el gobernador peronista (oficialismo) de la empobrecida provincia de Chaco (nordeste), Jorge Capitanich.
El Sindicato de Camioneros, liderado por el jefe de la central obrera oficialista CGT, Hugo Moyano, mandó a centenares de activistas a romper los bloqueos de rutas, lo que acrecentó la tensión.
«Estamos en un círculo cerrado, sin diálogo», se lamentó Luciano Miguens, líder de la Sociedad Rural, que agrupa a los 10 mil productores más ricos.
En tanto, las poderosas exportadoras de cereales y de granos, instaladas en torno al puerto de Rosario (310 km al norte), aún no reportaban problemas para los embarques.
Pero agricultores que desbordaron a sus dirigentes amenazaban con sitiar Rosario con tractores y camiones.
Los productos agroindustriales representaron en 2007 más de la mitad de las exportaciones totales del país, de unos 55 mil millones de dólares.
El gobierno fijó elevados impuestos flotantes a las exportaciones agrícolas, una medida que prendió la mecha de la rebelión, con el fin de desalentar el monocultivo de soja, cuyo precio aumentó en el mundo un 70% en doce meses, según portavoces oficiales.
Según algunos economistas, la sociedad argentina subsidia al agro con el tipo de cambio más alto de Latinoamérica (3,18 pesos por dólar), favorable a las exportaciones.
Pero otros expertos sostienen que el gobierno se está llevando en impuestos el 44% de la producción de soja, es decir que se adueña de poco más de cuatro de cada diez camiones cargados con el grano que sale de los campos.