Prosperidad humana


Eduardo-Blandon-Nueva

Leonardo Boff, el humilde franciscano proscrito y profeta valiente de la Iglesia católica, no ha dejado de darle vuelta a diversas cuestiones teológicas que publica cada semana para el debate público en las páginas de Internet (http://www.servicioskoinonia.org). Dios, el desarrollo y el paradigma del nuevo hombre (y mujer) contemporáneo son, me parece, tres de los grandes temas que lo apasionan intelectualmente.

Eduardo Blandón


En una de sus últimas entregas, escribió algunos puntos que deseo compartir con los lectores de La Hora por el valor de la crítica y la propuesta original que permite descubrir nuevos horizontes en un mundo plano y a veces carente de discursos alternos. ¿Qué ideas presenta?

En primer lugar, obliga a poner en el centro de la discusión económica y sociológica el concepto de desarrollo. Según Boff, el modelo “crecimiento/desarrollo” está agotado porque la teoría que fundamenta la praxis se centra más en los recursos económicos y la prosperidad en sí misma olvidándose de elementos esenciales que atañen a la persona humana.

El teólogo dice que se debe transitar del antiguo paradigma, crecimiento/desarrollo, al de una visión más integral y humana: la ecológica social. Esto exige cambiar la pregunta tradicional: ¿cómo ganar más? (pensando que así se obtiene mágicamente la prosperidad), por la de ¿cómo producir, viviendo en armonía con la naturaleza, con todos los seres vivos, con los seres humanos y con el Trascendente?

“En la respuesta a esta pregunta se decide si hay prosperidad sin crecimiento para los países desarrollados y con crecimiento para los pobres y emergentes”.

Pero la apuesta intelectual es imposible a condición de compartir lo que el brasileño llama los cuatro tipos de capitales: el natural, el material, el humano y el espiritual. Solo si hay una relación equilibrada y armoniosa entre ellos, es posible la prosperidad. El capital natural se relaciona con los bienes gratuitos que ofrece la naturaleza. El capital material es el producto del esfuerzo de la creatividad humana. El factor humano está formado por la cultura, las artes y todo lo que tiene que ver con la existencia misma.  Por último, el capital espiritual pertenece a la aspiración más profunda del hombre por relacionarse con lo trascendente.

El problema con los viejos esquemas de desarrollo es que invisibilizaban, por ignorancia o mala voluntad, alguno de esos elementos importante para mantener la armonía del sistema hombre integral.  Al hombre blanco, dice Boff, al parecer solo le han importado los beneficios económicos, olvidándose de otras dimensiones vitales del ser humano.

El teólogo maldito (al menos para algunos segmentos rígidos de la Iglesia romana) concluye de la siguiente manera: “El desafío que se presenta hoy es: cómo pasar del capital material al capital humano y espiritual. Lógicamente, lo humano y lo espiritual no eximen del capital material. Necesitamos un cierto crecimiento material para garantizar, con suficiencia y decencia, el sostenimiento material de la vida. Sin embargo, no podemos restringirnos a un crecimiento con prosperidad porque éste no es un fin en sí mismo. Se ordena al desarrollo integral del ser humano”.