El domingo último el patriarca del movimiento para reformar nuestra Carta Magna, Manuel Ayau, formula unas interesantes aseveraciones que develan ciertas bondades alrededor de la propuesta de ProReforma. En primer lugar afirma que las críticas recibidas a la propuesta han sido con respeto. Luego expone una de las afirmaciones que me atrevo a calificar como un acertado juicio al que me referiré en este artículo líneas más adelante.
wdelcid@intelnet.net.gt
En ese vaivén de las ideas, se queja de «la minoría de extrema izquierda radicaliza la discusión con críticas ideológicas, hechas con el hígado, usando argumentos ad hominem, criticando la fuente y no el contenido del proyecto». Al parece también él cae en la misma radicalización del pensamiento. Pues para él cualquier persona que cuestionase el proyecto por sus impulsores es, dado ese razonamiento, de izquierda radical. Nada más alejado. Pero en fin.
En el siguiente párrafo de su entrega dominical, afirma que: «ProReforma propone un gobierno propiamente de derecho, es decir, que protege los iguales derechos individuales de todos y no un gobierno de simple legalidad, que es lo que generalmente se tiene en mente cuando se habla de régimen de derecho» (el subrayado es mío).
Y ese es el punto que destaco como la principal bondad del sometimiento al debate de la propuesta. Vuelvo a los argumentos ad hominem, con personas como él y las que creen en los derechos individuales a ultranza es que se forjó lo que sea que hoy tenemos como gobierno de simple legalidad. Veamos nuestra propia historia: un Estado forjado alrededor de la protección de los derechos individuales de los poderosos y no así de las mayorías consideradas en igualdad de oportunidades, en igualdad precisamente de derechos.
Luego formula una aseveración aún más atrevida cuando indica que: «A la extrema izquierda no le gusta que prevalezcan los derechos individuales, pues son un candado para que las elites que gobiernan no puedan violarlo, y así favorecer a otros por motivos políticos; por eso se opondrán a cualquier proyecto que tenga como objetivo protegerlos». Según esa afirmación las dictaduras son de izquierda en exclusiva. Vaya forma de distorsionar la Historia y con ello nuestra propia historia nacional.
Pero la serie de inexactitudes se consolida aún más cuando concluye sus razonamientos indicando que: «ProReforma propone un gobierno de principios, no ideológico. Y por eso la extrema izquierda se opone a que se le pregunte al pueblo en consulta popular.» Aquí hay varias aristas: ¿Dónde puede haber construcción de principios que no respondan a un esquema ideológico? ¿Si del proceso de audiencias públicas en el Congreso de la República, se concluye que ha de dictaminarse en sentido negativo al contenido de la propuesta, por qué saltarse el procedimiento y exigir que se produzca la consulta popular?
Como se puede apreciar, la intensión perseverante por hacer prevalecer esa iniciativa de cambio a la Constitución Política de la República, les hace fundamentar sus argumentos en inexactitudes históricas, pero más aún, en reconocer que si esto (el Estado) funciona mal es porque ha sido mal concebido, precisamente con pensamientos como el apuntado, que en el pasado sí lograron imponerse por la fuerza que les proveía el entorno de unas fuerzas armadas serviles a los intereses dominantes de entonces. Intereses que se niegan a construir una verdadera democracia. Esta, la democracia, debe ser el resultado de una convivencia armoniosa y con pleno respeto a las mayorías desposeídas. Cualquier otra cosa es más de lo mismo, aunque sea expresado en forma diferente.