«El sistema bicameral ha sido tradición en la mayor parte de los Estados del llamado Primer Mundo, léase la madre España de hoy.»
Armando de la Torre, fundador de ProReforma.
En sus últimas columnas de opinión, Armando de la Torre, uno de los fundadores de la Asociación ProReforma, ha expresado su asombro por las críticas que hemos formulado quienes nos oponemos a su propuesta «parcial» de reformas a la Constitución Política de la República. í‰l, al igual que la mayoría de los «libertarios» que defienden esta propuesta, y siguiendo la estrategia de difusión de la misma, dice verdades a medias y, al parecer, considera que si escribe algo en su columna, creeremos en sus palabras de manera fehaciente y no revisaremos los instrumentos legales, los análisis y las consideraciones de la política y economía para evidenciar que sus argumentos son contradictorios y sin fundamento, como lo es, en sí misma, la propuesta de ProReforma.
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El último punto que trató fue sobre la creación de un Senado en nuestro país: «Me asombra, lo confieso, por el desconocimiento que supone de tal institución dado que nuestros vecinos más influyentes como los EE.UU., México y Canadá siempre han contado con ella en sus constituciones respectivas, al igual nuestros hermanos del Sur, Argentina, Chile o Perú», escribió De la Torre.
Obviemos a EE.UU. y Canadá, que son los países más alejados de la realidad económica, política y social de nuestro país que los demás países latinoamericanos. De la Torre se refiere a los senados de Argentina, Chile y Perú (éste último cuenta con un Congreso unicameral); pero incluyamos en su lista a Paraguay, Uruguay y Bolivia, que también cuentan con Congresos bicamerales.
La discusión no se centra en la creación o no de otra estructura del Organismo Legislativo que divida en Cámara Alta y Baja al Congreso, sino a la propuesta específica del Senado que propone ProReforma que, como se ha dicho en varios artículos, atenta contra el principio democrático de la representatividad: la edad para entrar a esta institución sería de 50 años, con una durabilidad de tres lustros en el cargo; la representatividad de estos «patricios» sería minoritaria, ya que sólo podríamos votar una vez en la vida, al cumplir también 50.
Ninguno de los senados latinoamericanos que menciona De la Torre tiene estas características; en ellos se respeta los principios básicos de la democracia liberal como es la alternabilidad en el poder y la representatividad de la ciudadanía a través del voto, un derecho que se obtiene entre los 18 y 21 años, y no hasta los 50, como pretende ProReforma.
«Encima», agrega De la Torre, «de cualquier estudiante de bachillerato se espera que sepa que los senadores fueron el fiel de la balanza en aquel exitoso sistema de pesos y contrapesos de la república romana». ¿Aceptaremos una propuesta que pretende revivir una institución propia del modo de producción esclavista en estos tiempos de incipiente capitalismo?