Proponen mejor uso de las remesas que llegan a Latinoamérica


Las remesas de los migrantes latinos en Estados Unidos se han convertido en una de las principales fuentes de ingresos de las familias del continente. Sin embargo, gran parte del recurso se destina a los gastos, pero no a inversión. FOTO LA HORA: ARCHIVO

Las remesas que los inmigrantes latinoamericanos enví­an a sus paí­ses de origen, que en 2008 superaron los 60 mil millones de dólares, deberí­an ser aprovechadas mejor, coincidieron ayer expertos reunidos en un debate sobre crisis, inmigración y desarrollo en América Latina.


«Se conocen los efectos de las remesas en los hogares, pero se puede hacer mucho más (…) Las remesas son el flujo de dinero menos volátil y puede ser un activo importante», afirmó Jeff Dayton Johnson, jefe de la Oficina de las Américas en el Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Un mejor uso de las remesas, que registraron un salto notable pues en el año 2000 eran de 20.000 millones de dólares, podrí­a contribuir a evitar que la desaceleración del crecimiento económico causado por la crisis en América Latina afecte las polí­ticas sociales, primeras ví­ctimas en tiempos difí­ciles.

Según el informe «Perspectivas Económicas de América Latina 2010» que la OCDE presentó en la pasada Cumbre Iberoamericana de Estoril y que varios expertos desmenuzaron el jueves en la Maison d»Amerique Latine en Parí­s, México recibe el 40% de las remesas totales enviadas a América Latina y el Caribe.

Entre las «oportunidades» que las remesas brindan en la actualidad, Dayton mencionó una «mayor utilización de los bancos» y una reducción de los costos de las transacciones de enví­o.

De acuerdo con el informe referido, una «reducción suplementaria del 1% desplazarí­a» varios millones de dólares (unos 600 millones) que irí­an a las familias en los paí­ses de origen.

En su opinión, las remesas «deben ser contabilizadas en los ratios de solvencia de un paí­s».

«Al parecer – explicó-, las agencias de notación financiera las tienen en cuenta» en sus calificaciones de riesgo de las economí­as emergentes, lo que puede traducirse en menores costes de la deuda pública del paí­s concernido.

De los 20 millones de latinoamericanos que emigraron -el 5% de la población total de la región- el 25% se fue a paí­ses de la OCDE (los 30 más desarrollados). Las tres cuartas partes están en Estados Unidos, seguidos por Argentina, Venezuela, España y Canadá.

Experta en demografí­a, Marí­a Eugenia Cosio Zavala, profesora en la Universidad de Nanterre, subrayó que América Latina está en la mitad de un periodo de «bono demográfico», es decir que cuenta con una importante población de entre 15 y 55 años, apta para trabajar, pero dadas las dificultades de la crisis, se ve obligada a emigrar.

Los participantes insistieron en que América Latina demostró una mayor capacidad de resistencia a la crisis que otras regiones, e incluso en relación con lo ocurrido en la región en el pasado. Y aunque su economí­a seguirá creciendo, lo hará a un ritmo menor.

«Una dinámica de crecimiento más bajo hará difí­cil conservar las conquistas de años atrás e interrumpirá el proceso de recorte de la pobreza», explicó Carlos Quenan. profesor de Economí­a en el Instituto de Altos Estudios de América Latina (IDHEAL).

Investigador de la Escuela Económica de Parí­s, Carlos Winograd, explicó que el futuro dependerá de la evolución económica que presentó como un «alfabeto de la crisis» que podrá tener forma de V, W, U o L.

«La duración de la crisis y la letra marcará los efectos en términos de polí­tica social», precisó.

El informe de la OCDE estima que a fines de 2010 habrá 39 millones de personas más en el nivel de pobreza en la región. Y aunque las remesas también bajarán, en 11%, según previsiones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), deberí­a incrementarse su papel en las polí­ticas públicas.

Dayton citó como ejemplo el programa «Tres por uno» en México: por cada dólar enviado el gobierno local, estatal y federal agregan tres más.

En su opinión, las «diásporas» deberí­an convertirse en «socios importantes en las polí­ticas de cooperación» para fortalecer el desarrollo de la región.