Los jefes tribales sunitas de la provincia de Al Anabar, al oeste de Irak, prometieron el viernes «vengar» la muerte de su líder, el jeque Abdul Sattar Abdul Richa, fiel aliado de Estados Unidos asesinado el jueves en un atentado que el gobierno atribuye a Al Qaida.
«Acusamos a Al Qaida, vamos a continuar nuestro combate y nos vamos a vengar», declaró en Ramadi (oeste) el jeque Ahmad Abu Richa, hermano de Abdul Sattar Abu Richa. Fue designado por los jefes de las tribus sunitas para reemplazar a su hermano a la cabeza de «Despertar de Al Anbar», una coalición de unas cuarenta tribus movilizadas para luchar junto a las tropas norteamericanas contra Al Qaida en Irak.
El viernes, miles de personas, entre ellos numerosos oficiales, se congregaron para asistir a los funerales del jeque, saludado como «héroe nacional».
Su féretro fue transportado a pie una decena de kilómetros hasta el cementerio familiar por sus partidarios y miembros de su clan. «Â¡Venganza contra Al Qaida! ¡Al Qaida es el enemigo de Alá!», gritaban.
El jeque Abdul Sattar Abu Richa murió el jueves junto a tres de sus guardaespaldas al estallar una bomba cerca de su domicilio en Ramadi.
Bajo su autoridad, las tribus y jefes locales abandonaron la lucha armada para colaborar con las tropas iraquíes y estadounidenses contra los combatientes vinculados a la red terrorista Al Qaida.
De unos 40 años de edad, el jeque sunita se había convertido en un interlocutor privilegiado de los responsables estadounidenses y había estrechado la mano del presidente George W. Bush durante su visita sorpresa a la región de Al Anbar el 3 de septiembre.
Su muerte se produjo el primer día del ramadán, a un año de la creación de «Despertar de Al Anbar» y algunas horas antes del discurso del presidente norteamericano sobre Irak.
Bush anunció una reducción limitada –21.500 hombres de 168.000– de las tropas de EEUU de aquí a julio 2008 e hizo una breve alusión a la muerte de su aliado, asegurando que las tribus de Al Anbar «podrán seguir contando con el apoyo de Estados Unidos».
El primer ministro iraquí Nuri al Maliki estimó que «este crimen lleva la firma de los terroristas de Al Qaida» y anunció la creación de una comisión investigadora. El presidente Jalal Talabani también rindió homenaje al jefe sunita, calificándolo de «figura histórica».
Sin embargo, la muerte del «apóstata» Abdul Sattar fue saludada en los sitios internet islamistas utilizados por Al Qaida, quienes se alegraron de «la muerte del jefe de los infieles y de sus colaboradores».
Una formación sunita iraquí, el Consejo del diálogo nacional, acusó, por su parte, al gobierno, dominado por los chiitas, de estar implicado en el atentado.
«Algunos miembros del gobierno veían con mala cara su relación privilegiada con los norteamericanos y sus crecientes ambiciones nacionales», afirmó el jeque Jalaf al Illayan, secretario general del Consejo del diálogo nacional.
Aún no se establecen las circunstancias precisas del atentado, que no ha sido reivindicado.
Según el coronel Tarek al Dulaimi, jefe de la seguridad de Al Anbar, el jeque fue asesinado por un kamikaze que conducía un coche bomba mientras su convoy se había detenido al borde de un camino cerca de su domicilio.
Según el portavoz del ministerio de Interior, Abdel Karim Jalaf, el ataque contó con la ayuda de una bomba que había sido colocada en la carretera además del coche conducido por el kamikaze. Jalaf se negó a «acusar» a alguien en este momento, «pero es difícil para Al Qaida operar en esta zona», dijo.
El guía supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, se declaró este viernes convencido de que el presidente norteamericano George W. Bush será un día juzgado por las «atrocidades» cometidas en Irak, en un sermón difundido por la televisión.
«Creo profundamente que un día, el presidente estadounidense actual y los responsables serán juzgados por un tribunal internacional independiente por las atrocidades cometidas en Irak», afirmó Alí Jamenei.
«Hoy los estadounidenses están condenados por la opinión pública de las naciones islámicas y son odiados», dijo.
En un discurso televisado, George W. Bush acusó nuevamente a Irán el jueves de «minar el trabajo» del gobierno iraquí.
Rechazan discurso
Los demócratas estadounidenses atacaron hoy el discurso del presidente estadounidense George Bush sobre Irak, y pidieron un «cambio de curso» en Irak.
El senador Jack Reed, que entregó la respuesta del Partido Demócrata al discurso de Bush, rechazó su plan de retirada parcial de 27.000 tropas desde Irak, e indicó que el presidente falló de nuevo al «intentar proporcionar un plan para acabar con éxito la guerra o convencer racionalmente de continuarla».
«El presidente aludió correctamente al valor de nuestras tropas en su discurso, pero su plan no apela a ningún cambio real», añadió.
«Â¿Seguimos escuchando el discurso presidencial de que todo lo que Irak necesita es más tiempo, más dinero y la presencia indefinida de 130.000 tropas en Irak?», se preguntó Reed.
«Los demócratas creemos que es hora de cambiar el rumbo», apuntó, para desvelar que su partido pedirá al Ejército norteamericano que se centre en la lucha contra el terrorismo y en entrenar a las fuerzas iraquíes.
Añadió que «la presencia militar ilimitada e indefinida en Irak no es una opción».
El candidato presidencial demócrata y ex senador John Edward señaló por su parte en televisión que «ya es hora de acabar con esta guerra» y exigió «un firme calendario para la retirada».
Recordó que «movernos en 10 meses a donde estábamos hace 10 meses no es progreso, es la definición auténtica de status quo», defendió el senador Chris Dodd, otro de los candidatos, quien apuntó que «Bush está insultando nuestra inteligencia».
Por su parte, uno de los favoritos demócratas para aspirar a la presidencia en 2008, Barack Obama, apuntó que «volvemos a junio de 2006 sin progreso político alguno».
Sin embargo, dentro de la corriente demócrata, hay un sector en favor de mantener la presencia en Irak con los únicos objetivos de entrenar a la policía y el ejército iraquíes, defender los activos estadounidenses en ese país y luchar contra los terroristas.
El objetivo de esta corriente es lograr el apoyo republicano suficiente para romper el umbral de 60 votos necesario en el Senado para bloquear la política de Bush en Irak.