Prólogo de «Esfera sin tiempo»


Grecia Aguilera

Mi libro «Esfera sin tiempo», que fue presentado el 22 de octubre de 2009, ostenta un hermoso prefacio escrito por la humanista Margarita Carrera, titulado «Grecia Aguilera: Filósofa y Poeta». Agradezco el magní­fico trabajo de Margarita, y para conocimiento de mis queridas lectoras y lectores, lo transcribo a continuación: «Grecia ha puesto en mis manos su nuevo libro de poesí­a: «Esfera sin tiempo». Siguiendo, como siempre, los pasos de su padre León Aguilera, en este poemario no separa la poesí­a de la filosofí­a. Para ella, las grandes verdades del Universo se dan ní­tidas a través de la forma poética. Preocupación principal en esta obra es la interrogante sobre el tiempo. De ahí­ que de las siete estancias en que la divide, dé inicio con la estancia «Tempus fugit», en donde después de cantar los siete dí­as de la creación, nos proporciona una inspirada definición de lo que Dios significa para ella: «Dios/ origen/ supernova/ eres el tiempo/ abismo omnipotente/ eternidad contenida/ en el espacio/ presencia continua/ en mi pagano destino.» Como en su primer poemario «Apologí­a de la esencia», Grecia tiene ya el hábito de sumergirse en la belleza espiritual en la que se desenvuelve. Por algo sus padres, León Aguilera y Marí­a del Mar, la bautizaron con el nombre de Grecia, lugar extraordinario que hizo realidad no sólo el mundo del arte en todas sus expresiones, sino el de la filosofí­a y el de la ciencia. Como los griegos, ella reconoce que la poesí­a conduce al conocimiento del ser humano, a su alma. Una poeta que anhela convertirse en aquellas «Urnas del tiempo» que su padre, don León, escribí­a en su columna de El Imparcial y que, luego, fueron recogidas en libros. Porque su padre, el poeta-filósofo, la habita desde siempre, desde el primer instante en que vio la luz. Desde entonces o desde antes, Grecia se ha visto rodeada del espí­ritu de los libros y de la música; su destino, entonces, está bajo los signos de la poesí­a, hermana gemela de la filosofí­a. No es extraño que reconozca que los y las poetas son seres visionarios capaces de intuir la armoní­a que conforma el Universo. De ahí­ que la séptima estancia de su poemario la dedique al Sol, a la Luna, a los planetas, a Mercurio, a Venus, a la Tierra, a Marte, a Júpiter, a Saturno, a Urano, a Neptuno, a Plutón. Y «Más allá del Sistema Solar/ nace el alma de la Tierra/ el corazón del Universo/ el cerebro de Dios». Se podrí­a hablar de la vena mí­stica de Grecia. Una mí­stica que reconoce la grandeza tanto de la materia como del espí­ritu. Esto último manifestándose por medio de la música que ella conoce, goza y ama. Por algo fundó en 2001 el programa «Tribuna del Jazz», transmitido desde Radio Faro Cultural los dí­as sábados a las seis de la tarde, siendo la primera mujer en Guatemala en difundir música de improvisación artí­stica en un contexto de música académica (clásica), una de las razones por las que el Ministerio de Cultura y Deportes, en el año 2007, le otorgó la Distinción de Honor al Mérito denominada «Orden Ixmukané». Grecia se vuelve música, es música, como lo son los grandes clásicos del jazz y todos los clásicos antiguos y modernos. Además de poetisa, musicóloga, periodista y escritora sabe -como la cita que hace de Nietzsche- que «…la vida sin música es simplemente un error, una fatiga, un exilio…» La quinta estancia del poemario lleva, así­, el tí­tulo de «Abstracción musical». Asimismo, nada de lo que la rodea está carente de sentido, de espí­ritu. Cada ser que la rodea, está inmerso en la infinitud de Dios. Su poemario, que es extenso y profundo, trata de abarcar cuanto la conmueve y hace vivir: «Así­ nació el pensamiento/ así­ nació toda esta vida/ la naturaleza que se lleva dentro./ Así­ nació el instante/ libre/ sin grilletes en las manos/ sin los pies encadenados…» Abro el libro, al azar, como lo acostumbro cuando de poesí­a se trata, y camino por las veredas que Grecia se ha trazado en la vida y en la poesí­a.» Sigue.