«Necesitamos que se nacionalice la distribución y generación de la energía eléctrica, que se nacionalice el transporte. Estamos presentes en la lucha, unidos para confrontar con valentía a esas fuerzas oscuras de la derecha».
-Discurso pronunciado en una marcha, Ciudad de Guatemala-
usacconsultapopular@gmail.com
Hace una semana el Movimiento Sindical, Indígena y Campesino hizo entrega a los presidentes de los tres organismos del Estado de un documento que incluía sus planteamientos sobre los temas de Seguridad ciudadana, Garantías laborales, Rechazo al Convenio 175 de la OIT, Problemática de la energía eléctrica, abusos y excesos en las tarifas de la energía por Unión FENOSA. Los representantes del movimiento hicieron espera en la oficina del Presidente del Congreso de la República, mientras este se reunía con los «ProReformistas».
De pronto, se abrió la puerta de la oficina. «Â¿Qué tal están?», les preguntó Manuel Ayau, al ingresar al salón sin ser invitado. «Me interesa tener una reunión con ustedes», les dijo, «ProReforma no tiene intereses políticos, ni económicos y tampoco nos interesa tener poder», manifestó, mientras uno de sus asesores tiraba sobre la mesa sus tarjetas de presentación. «Lo que queremos es un mejor país. Espero su llamada», sonrió.
¿Sin intereses políticos, ni económicos, sin deseo de poder? ¡Mentira, mentira, mil veces mentira!
En la exposición de motivos de SU propuesta reformista, indican que «el guatemalteco merece una vida mejor de la que le ha tocado vivir y sufrir bajo el sistema de gobierno que ha prevalecido». ¿Es posible atribuir la responsabilidad de la realidad a la que son sometidos quienes viven en condiciones de pobreza y pobreza extrema, al azar del destino? ¿Quiénes lucharon incansablemente por instalar este sistema de gobierno? Ellos mismos, los ProReformistas, teóricos del conservadurismo más radical de Guatemala.
Además, digo «SU» propuesta, pues los más de 70 mil firmantes del documento, jamás fueron consultados sobre el contenido de los artículos que proponen reformar, sucia característica de los proyectos excluyentes.
Esta propuesta busca reformar todos aquellos elementos que otorgan garantías a sectores específicos; desde suprimir el derecho a huelga a todos los trabajadores del Estado; hasta crear un senado en el que los únicos candidatos sean personas mayores de 50 años. El papel de la juventud es importantísimo en las construcciones y avances de un Estado fuerte, realmente democrático. Pero una participación real, en el que podamos ocupar y ejercer cargos sometidos a elección popular.
En la historia de Guatemala, reformas hay muchísimas, pero ninguna tan intensa e integral como la promovida por los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo írbenz. Se crearon oportunidades de desarrollo social y participación política. La educación pública recibió un fuerte impulso; se estableció el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y se emitió el Código de Trabajo y la reforma más sustancial: la Reforma Agraria, que buscaba incluir al sector campesino como un actor fundamental del desarrollo.
Fue en ese entonces que lo sectores sociales, antes sin representatividad, se convirtieron en ciudadanos capaces de representarse a sí mismos ante la sociedad y el Estado. Un proyecto totalmente incluyente. Sin embargo, el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), de quien fue miembro Manuel Ayau, botó el proyecto revolucionario, altamente incluyente. Desde entonces, los problemas sociales y la pobreza se agudizan cada vez más.
Entonces, ¿qué futuro nos esperaría con ProReforma?