Procurador lambiscón


El Procurador General de la Nación, así­ con las minúsculas que le corresponden, publicó ayer un campo pagado en el que es evidente que aplicó aquello de que más vale un chaquetazo a tiempo que ocho horas de servicio. Tomando posición en la crisis polí­tica actual, el abogado Portillo (debí­a ser), amenaza a los guatemaltecos con denunciarlos por la comisión de delito si de alguna forma se hacen eco de las acusaciones que formuló en un ví­deo el abogado Rodrigo Rosenberg, mismas que tienen que ser esclarecidas por la autoridad competente y que no desaparecen simplemente porque al Procurador se le ocurra que ya no hay que hablar del tema.


Los aliados del Gobierno entre los medios de comunicación decidieron no publicar nada del caso Rosenberg, pensando que con el silencio la tormenta pasarí­a. Ya hemos sabido que esa estrategia fracasó porque lo único que demostró es lo grave que para una sociedad significa un monopolio comprometido para ocultar hechos e impedir a la población formarse su propio criterio con acceso a la información.

Después de que el Superintendente de Bancos dispuso recurrir a la «mano dura» en contra de un patojo que expresó su opinión en Internet, ahora viene el abogado Portillo, quien por cierto fue jefe de policí­a en tiempos de su tocayo, a lanzar una grave amenaza contra la población que se atreva a expresar criterios distintos a los suyos.

Hemos criticado el oportunismo de polí­ticos de oposición que ven el resquicio abierto para lograr su sueño de encaramarse al poder, actitud que ya se muestra también en el mismo entorno del Presidente. Pero es inaceptable que un funcionario de pacotilla venga a querer defender su chance retorciendo la ley y amenazando a la población. El abogado del Estado, función que le compete al Procurador General de la Nación, debiera estar preocupado por la situación de impunidad que hay en el paí­s y debiera preocuparse por aportar consejos e ideas para que este paí­s pueda superar la impunidad que ha costado tantas vidas.

No creemos que se deba manifestar y protestar por la muerte de tres ciudadanos honorables, sino que hay que protestar por la muerte de miles de guatemaltecos que perdieron la vida sin que se castigara a los criminales. Choferes, pasajeros de camionetas, amas de casa, niños y ancianos que mueren en forma anónima sin que la sociedad se inmute. Por ellos hay que protestar y clamar justicia, para que los mercaderes que apañan la impunidad, entre ellos este procuradorcillo, dejen de hacerle daño a Guatemala.