Angola celebrará el viernes sus primeras elecciones legislativas desde el fin de la guerra civil (1975-2002), tras una campaña ampliamente dominada por el partido del presidente José Eduardo dos Santos.
Cerca de ocho millones de electores deberán elegir a 220 diputados de los 14 partidos y coaliciones políticas, entre ellos el Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) -en el poder desde la independencia de la ex colonia portuguesa en 1975- y la antigua rebelión de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA).
Los angoleños no han votado desde 1992, cuando las elecciones generales se celebraron gracias a una tregua en la devastadora guerra civil generada por la independencia. Pero el líder de la UNITA, Jonas Savimbi, rechazó los resultados que lo daban como perdedor y retomó las armas. Sólo su muerte puso fin al conflicto.
El desenlace de esos últimos comicios y la violencia desatada en las recientes elecciones en Kenia y Zimbabue sientan malos precedentes.
«Angola está en una situación completamente diferente», replicó a la AFP Rui Farcao Pinto de Andrade, director de Información y Propaganda del MPLA. «Saldremos de este proceso en paz, mirando hacia el futuro».
«Queremos que las elecciones sean pacíficas y que la gente olvide lo que pasó en 1992», declaró Carlos Morgado, un representante de la UNITA para la provincia de Luanda.
Sin embargo, la oposición evoca un «clima de amenaza, intimidación y violencia» contra sus partidarios, que ha dejado -según la UNITA- cuatro muertos en sus filas.
«Mentira», responde Pinto de Andrade, que acusa a la oposición de «hacerse la víctima» porque «sabe que su representación en el Parlamento disminuirá».
«La UNITA no tiene ninguna posibilidad», piensa igualmente Hussein Salomon, director del centro de Estudios Políticos Internacionales, de Sudáfrica, que subraya que «las reglas del juego no son equitativas».
«El MPLA viene de una ideología estalinista y se opone a cualquier oposición», explica Hussein Salomon, que evoca «el control de los medios de comunicación», «las intimidaciones» y «el uso del dinero público» para financiar la campaña.
La organización de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch (HRW, con sede en Nueva York), expresó sus «dudas sobre la celebración de elecciones libres y justas en Angola», debido a «la intimidación a los partidos de oposición y a los medios».
El presidente Eduardo dos Santos desechó hace algunos días estas acusaciones. «Algunos partidos tienen dificultad para transmitir sus mensajes y por eso hablan de intolerancia y de mala voluntad», recalcó.
Los próximos comicios serán una prueba de popularidad para el jefe del Estado angoleño, antes de la elección presidencial de 2009, para la cual dos Santos aún no es candidato oficial.
El presidente, normalmente discreto, ha multiplicado en el último mes las inauguraciones de instalaciones públicas (presa hidroeléctrica, hospital, escuelas…), haciendo hincapié en el progreso realizado en términos de reconstrucción.
Angola, que dispone de reservas petroleras enormes, se ha beneficiado del alza del precio del petróleo y su crecimiento económico debería sobrepasar el 20% en 2008. Con cerca de dos millones diarios de barriles de crudo, Angola rivaliza con Nigeria el primer lugar como productor continental de petróleo.
A pesar de la aparición de una clase alta, dos tercios de la población viven bajo el umbral de la pobreza. Algunos analistas estiman que las crecientes desigualdades podrían disminuir la amplitud de la victoria del MPLA.
La Unión Europea, Estados Unidos y la Comunidad de Desarrollo de Sudáfrica han enviado observadores para los comicios.
Cada día millones de petrodólares afluyen a las arcas del Estado angoleño y esta corriente de ingresos desemboca principalmente en la reconstrucción del país, aunque una inmensa pobreza y la opacidad de las cuentas públicas alimentan las sospechas de corrupción.
Angola, primer productor de bruto del ífrica subsahariana junto con Nigeria, «produce cerca de dos millones de barriles diarios, y dado el precio del petróleo (más de 110 dólares el barril), es evidente que el gobierno tiene ingresos enormes», subrayó Lopes Raul, economista en Luanda.
«Pero el gobierno no es transparente en lo que respecta a la utilización de este dinero, en cuanto a los ingresos exactos que genera el petróleo y a las cantidades exactas procedentes del petróleo que sostienen la economía», añadió.
El Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) dirigió durante 25 años un país en guerra civil (1975-2002), un contexto poco propicio a la transparencia. Entre 1997 y 2001 desaparecieron de las arcas públicas 1.700 millones de dólares, según la asociación británica Global Witness.
Desde la restauración de la paz en 2002, se han realizado progresos: hoy en día el ministerio de Finanzas detalla el presupuesto anual del Estado en internet, fijado para 2008 en 2.500 millones de dólares. Los ingresos fiscales estimados son de 1.890 millones, el 77,2% de los cuales proceden del petróleo.
En lo que respecta a gastos, el ministerio muestra fotografías de los grandes proyectos de reconstrucción del país devastado por la guerra civil: carreteras, puentes, embalses, hospitales…
«Hemos hecho mucho por Angola», repetía el viernes el presidente José Eduardo dos Santos, a una semana de las primeras elecciones legislativas en tiempos de paz. «Ahora en todas las ciudades hay agua y electricidad. Las carreteras que estaban minadas se han vuelto a abrir. Hay más escuelas, centros médicos y hospitales…».
Sin embargo, Lopes Raul señala que «aunque se ponga mucha atención en la reconstrucción nacional, todavía estamos lejos de responder a las expectativas de la sociedad».
«Las zonas rurales están abandonadas a su suerte, los habitantes están lejos de los puntos de agua y electricidad, y la miseria es muy visible», añade.
A pesar de los petrodólares y de tener la tasa de crecimiento más elevada de Africa, que según el Banco Mundial es de más del 20% este año, dos tercios de los angoleños viven por debajo del umbral de pobreza.
Para Nicholas Shaxon, autor de un libro sobre los estados petroleros en Africa, los hidrocarburos son incluso «una fatalidad» para los más pobres, porque impulsan los aumentos de precios.
Luanda es una de las ciudades más caras del mundo. Un modesto apartamento se alquila por 1.500 dólares al mes, una botella de agua mineral cuesta dos dólares y una cama, comprada en un mercado, 250 dólares.
Según Shaxon, aunque haya mejorado la transparencia del Estado en cuanto a los ingresos, «hoy en día el problema son los gastos. En los proyectos de reconstrucción desaparece dinero y la gente acepta sobornos, lo que es mucho más difícil de detectar».
Según Transparencia International, Angola forma parte de los países percibidos como los más corruptos del mundo, en el puesto número 147 de 179 naciones.
Rafael Marques, un analista independiente encarcelado en tres ocasiones por sus textos, es una de las pocas voces en el país que acusa abiertamente al gobierno.
Para él, sin ninguna duda, el dinero del petróleo «va a los bolsillos del presidente, de su familia, y de un número reducido de ministros, generales y miembros de la oficina política del MPLA».
Contactado en varias ocasiones, el ministerio de Finanzas no ha respondido a las solicitudes de la AFP.