Las primeras decisiones del cuadragésimo cuarto Presidente de los Estados Unidos de América parecen ser alentadoras, y mandan mensajes al mundo de «buena voluntad» por parte de Washington de hacer bien las cosas desde un principio -como debe de hacerse-; la secretaria de Estado de la Casa Blanca, Hillary Clinton, ha reconocido que Estados Unidos debe de reparar el daño que ha causado en el mundo, principalmente en los períodos consecutivos e ininterrumpidos en que George W. Bush gobernó el país más poderoso del mundo; en todo caso creo que somos los más y no los menos, quienes compartimos la opinión de la ex -senadora por el Estado de Nueva York.
La decisión de cerrar la cárcel de Guantánamo, la posible retirada de las tropas estadounidenses de Irak, y el acercamiento con el mundo musulmán, invitan a pensar, que estamos ante un Presidente que es sensible con la humanidad, y que su política exterior ayudará a pacificar el mundo.
Con respecto al tema del medio ambiente -no menos importante-, parece ser que Barack Obama es proclive a impulsar políticas ambientalistas encaminadas a reducir la emisión de gases, que causan el denominado «efecto invernadero». Barack Obama pretende que las empresas automovilísticas desarrollen vehículos que consuman menos combustible y hacer más eficiente así, el uso de los mismos.
En ese orden de ideas, es menester acotar que para que sus políticas ambientales vayan bien encaminadas, Obama deberá necesariamente incluir en su agenda ambientalista el «traspapelado» Protocolo de Kyoto, un acuerdo internacional impulsado preponderantemente por la Unión Europea, para disminuir paulatina y proporcionalmente la emisión de seis gases que provocan el calentamiento global de la tierra, a saber: dióxido de carbono, gas metano y óxido nitroso, además de tres gases industriales fluorados.
Los ex presidentes Bill Clinton y George W. Bush durante sus gobiernos no ratificaron dicho acuerdo internacional, por lo que su adhesión al mismo fue sólo en una forma meramente simbólica, y fue finalmente hasta en el año 2001, en el cual el gobierno de este último se retiró del protocolo, aduciendo, que no compartía la idea de reducir las emisiones de este tipo de gases tan perniciosos, porque consideraba que la aplicación del Protocolo era ineficiente e injusto, al involucrar sólo a los países industrializados y excluir de las restricciones a algunos de los mayores países emisores de gases en vías de desarrollo -China y la India en particular-, lo cual consideró perjudicaría gravemente la economía estadounidense.
Hoy en día es una realidad que con o sin la ratificación del Protocolo de Kyoto, los Estados Unidos de América está sufriendo una de las peores crisis económicas de su historia -que necesariamente repercuten en todo el mundo- y es un axioma que el incremento o la reducción de este tipo de gases, nada tienen que ver con la actual situación económica del vecino país del norte.
Con respecto al tema de los migrantes, esperemos por el bien de todos los extranjeros y principalmente de nuestros connacionales que viven y trabajan a lo largo y ancho de todo el territorio estadounidense, que Obama ofrezca soluciones sensatas, y que sus asesores tengan a bien aconsejarle en este tema tan controversial.
¡Adelante, presidente Barack Obama, que Dios lo ilumine en sus decisiones, que nos afectan o bien nos benefician a todos!