Primer parque reservado a mujeres


La alcaldí­a inauguró el mes pasado esta zona verdellamada el

Una vez pasado el puesto de seguridad en la entrada del primer parque exclusivamente femenino de Teherán, Nasrine y Kimia se quitan el velo y se desabrochan rápidamente su túnica, una imagen inhabitual en Irán, donde las mujeres deben ir cubiertas de pies a cabeza.


El velo, tradicional de la zona, puede ser despojado dentro de las instalaciones.

Madre e hija colocan sobre el césped sus provisiones para hacer un picnic. Cerca, un grupo de mujeres pasa corriendo con pantalones cortos y camiseta.

La alcaldí­a inauguró el mes pasado esta zona verde del norte de la capital, llamada el «Paraí­so de las mujeres» y reservada al público femenino, excepto el viernes.

Su espesa vegetación está acotada por una valla metálica de cuatro metros de alto, que «protege» a las mujeres de las miradas curiosas del exterior.

«Esto es lo mejor que puede esperarse de un paí­s islámico», afirma Nasrine, de 39 años. «Es un buen lugar para respirar y vestirse como uno quiere», agrega.

El estricto código de vestimenta iraní­ está diseñado para inhibir la excitación sexual masculina, contraria a la sharia, y preservar la virtud femenina. Pero los lugares prohibidos a los hombres están exentos de su cumplimiento.

«Considerando las creencias religiosas en nuestra sociedad, debemos utilizar con sabidurí­a nuestras capacidades para tener en cuenta el bienestar de las mujeres», declaró el alcalde conservador de Teherán, Mohammad Baqer Qalibaf, al inaugurar el parque.

Sus 20 hectáreas ofrecen clases de aeróbic, un carril de bicicletas, una sala de deportes y hasta cursos de tiro al arco.

Para Nahid Foadi, de 50 años, que acaba de llegar con sus raquetas de bádminton bajo el brazo, «habrí­a que construir parques así­ en todas partes».

Las usuarias habituales aseguran sentirse más seguras en el interior de este parque, donde todos los jardineros y guardias son mujeres. Los agentes masculinos están apostados en la entrada.

Contrariamente a otros lugares de acceso reservados periódicamente a las mujeres, como las piscinas, los gimnasios o las salas de conciertos, las visitantes no están obligadas a dejar en la entrada sus aparatos de fotografí­a o sus móviles con cámara incorporada.

El objetivo, en el que está implicado hasta la policí­a, es evitar la distribución pública de ví­deos comprometedores para las mujeres en internet.

Pero en este caso, «juzgamos preferible confiar en que las mujeres evitarán tomar fotografí­as, por su propio bien», explica un guardia de la entrada.

«Creo que Qalibaf ha decidido abrir este parque para obtener el voto de las mujeres» en las próximas elecciones presidenciales de 2009, en las que podrí­a presentarse, aventura Nasrine. El alcalde ha anunciado la apertura de otras tres zonas verdes femeninas en los próximos meses.

Pero su gesto no ha convencido a todas las mujeres.

«Los hombres deberí­an ser educados de forma que supieran comportarse como ciudadanos responsables y respetar a las mujeres», dice Sogol Zand, una universitaria especialista en las relaciones entre ambos sexos.

Otros ven también en esta iniciativa un riesgo de agravar la segregación entre sexos, que ya existe en los transportes públicos o en las cantinas de la universidad.

«Juzgamos preferible confiar en que las mujeres evitarán tomar fotografí­as, por su propio bien», explica un guardia de la entrada.