Pareciera ser que los mal llamados «poderes paralelos», «crimen organizado» o «maras» iniciaron una guerra de terror contra Guatemala. La población está verdaderamente aterrorizada; las calles están semivacías; las murmuraciones y las especulaciones se agigantan por momentos. Especulan unos, que es «mano dura» quien está asesinando pilotos para demostrar que el presidente Colom en veinte días de gobierno no ha arreglado la tradicional violencia que azota a Guatemala desde hace muchos años.
Otros especulan que las cúpulas económicas inician el sabotaje al gobierno del nuevo presidente asesinando a choferes de autobuses o, si es el nuevo gobierno quien inició una campaña para que le declaren víctima de la férrea oposición que se espera en el Congreso de la República y en otros imaginarios o inimaginables frentes aún no definidos públicamente por los estrategas de la oposición.
Cuando asumió el poder el nefasto, abusivo y tramposo, ílvaro Arzú Irigoyen, pidió a los guatemaltecos que le dieran la oportunidad de acabar con la violencia en Guatemala. Los guatemaltecos, en su desesperación eligieron al zángano, quien prometió hasta por su familia que acabaría con la delincuencia en Guatemala en 180 días -seis meses-. Tres períodos después, siguen los guatemaltecos entre la más grande violencia abierta y sin cuartel, esperando que la micro-bestia cumpla sus promesas y juramentos.
Es claro que los actuales asesinatos no son acciones coincidentes. El miércoles 6 hubo siete asesinatos entre choferes de autobuses y ayudantes y, el jueves 7 tres asesinatos de choferes y asistentes. Todo ha sido planificado de una manera profesional.
Lo más espantoso de estos casos es que han llamado la atención de toda la prensa nacional e internacional y han quitado atención y espacio a lo que se está develando de las acciones corruptas del recién salido gobierno de í“scar Rafael Berger Perdomo, quien junto a sus amigos «empresarios» y parientes tomaron para sí un caudal que tenían bajo obligación de custodia, es decir, desfalcaron archimillonariamente al Estado y al pueblo de Guatemala de una manera espectacular, según denuncias públicas, por medio de «obras» a medio construir, como el caso de la estúpida «inversión» en el aeropuerto (que debería construirse fuera de la capital de Guatemala) debido al denunciado peligro que representa para miles de guatemaltecos y sus propiedades la caída de una aeronave de gran envergadura sobre la capital; el Ministerio de Comunicaciones cometió otra espectacular estafa por medio de «derroches». La estafa de Berger Perdomo al pueblo y al Estado de Guatemala es casi tan grande como la de ílvaro Arzú, donde lo de Portillo queda como inocente chiquillada de bebé de teta.
La nube de humo que quieren echar, con los asesinatos de choferes, encima del descubrimiento de algo que era ya sobradamente intuido y en algunos casos sabido, las estafas y robos realizados por Berger Perdomo y compañeros, jamás podrá tapar los profundos agujeros negros que dejaron estos miserables sobre la economía y, el enorme lastre al desarrollo de este paupérrimo pueblo de Guatemala.
Para el bien de la verdadera democracia y para salud mental de los guatemaltecos, con prueba mínima, a Berger Perdomo y compañeros deberían meterlos a la cárcel antes de que logren inmunidad en el Parlamento Centroamericano. Una buena lección democrática hace falta para frenar la delincuencia organizada.