El suicidio es una forma de violencia autoinfringida y como hemos señalado, en otros artículos, todas las formas de violencia tienen relación entre sí. Por lo que si la violencia en general sufre de una escalada mayor, es de esperarse que las ideas, los gestos, los intentos y el suicidio consumado aumenten. En este artículo se pretende dar a conocer algunos factores de evaluación del riesgo suicida y también aportar apreciaciones en la práctica clínica profesional acerca de tan grave fenómeno.
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No por hacer parecer menos serio este artículo, sino, por mi necesidad de convocar a mi querido poeta. Mario Benedetti, recientemente fallecido por longevidad, quien a mi juicio supo comprender el sentir humano, amando a la vida y a sus semejantes. Quisiera compartir un pequeño poema de este autor, a manera introductoria sobre el tema de conversación actual: «Para no sucumbir ante la tentación del precipicio el mejor tratamiento es el fornicio».
Existen factores que nos ayudan a evaluar la gravedad del riesgo suicida y con ello prevenirlo, entre ellos encontramos los siguientes: Padecimiento de una enfermedad psiquiátrica como depresión, ansiedad, esquizofrenia, trastorno afectivo bipolar, trastornos de la personalidad, trastornos mentales orgánico, entre ellos, el uso y abuso de sustancias adictivas, poseer una enfermedad física con síntomas que se cronifíquen y alteren el estilo de vida de la persona; la edad, los extremos de la vida y la adolescencia pueden afectar de mayor forma; así como pertenecer al sexo masculino, el no tener pareja de vida aumenta el riesgo, el vivir el lugares solitarios, el acceso al uso de insecticidas, armas o medicamentos.
Encontramos otros como, el haber tenido ideas o intentos suicidas fallidos con anterioridad, contar con un plan establecido para realizar el evento autolesivo. Cabe señalar que usualmente las personas avisan y se despiden de manera previa.
La vivencia de un proceso de duelo, de un suceso traumático, de violencia intrafamiliar, como el cambio en el estilo y calidad de vida de las personas son factores a considerar en su estimación.
En clínica observamos que ninguna referencia de ideas suicidas ha de ser menospreciada ni minimizada. Los eventos suicidas en mujeres en algunas ocasiones van acompañados de eventos homicidas en tanto asumirse responsable de sus hijos e hijas hasta el fin de sus propias vidas.
En muchas personas en situaciones suicidas, existe la referencia de abuso sexual infantil u otro tipo de abusos infantiles. En mujeres es frecuente que relaten historias de incesto, en hombres y mujeres adolescentes la existencia y falta de aceptación en su núcleo familiar y social de su conducta homosexual.
Los incidentes suicidas cada día se comportan de manera más efectiva en su práctica letal y con métodos más agresivos inclusive utilizados por las mujeres, de quienes, se asumían formas menos drásticas y menos letales en su realización. Existe un incremento de ahorcamientos, lanzamiento desde puentes y en el área rural la pastilla que cura el maíz (un organofosforado) es de fácil acceso y es un medio frecuente.
Ante tal situación es necesario el conocimiento de los factores de riesgo suicida, la evaluación médica/psiquiátrica integral. Con la finalidad de prevenir este acto y tratar los desórdenes subyacentes. La hospitalización puede ser necesaria, así como la evaluación de medicamentos y cuando sea necesario e indicado la terapia electroconvulsiva.
Es preciso realizar estudios para la carecterización de este fenómeno en nuestro medio, así como poder contar con estadísticas fiables, ya que siendo el suicidio un delito religioso, moral y hasta legal existe tendencia a ocultar su ocurrencia. Con ellos se podrá trabajar en programas de ayuda para su abordaje.