Pretensiones erróneas sobre la PDH


Hace cinco años el Movimiento Social por los Derechos Humanos realizó un ejercicio tendente a seleccionar a tres personalidades representativas del colectivo de organizaciones y proponerlas ante la Comisión de Derechos Humanos del Congreso para que fueran tomadas en cuenta en la elección del Procurador de los Derechos Humanos.

Walter del Cid

En aquella ocasión las preocupaciones de las organizaciones se circunscribí­an a que el Dr. Arango, Procurador de los Derechos Humanos les habí­a cerrado las puertas y habí­a entrado en franca colisión con ellas; y por otra parte, que el FRG (en el gobierno y con mayorí­a parlamentaria) impusiera a uno de los suyos. Me atrevo a afirmar que el ejercicio fue válido y oportuno.

La Comisión de Derechos Humanos del Congreso escogió en aquella oportunidad a uno de los de la terna propuesta por la sociedad civil, sin duda valorando que el Dr. Sergio Morales no era en si un activista en el sentido literal del término, sino un académico ligado al movimiento de la niñez y con experiencia anterior de asesorí­a en la PDH. Un o una activista o etiquetado como tal difí­cilmente pueda ser aceptado por el Congreso, dado que la elección requiere de una mayorí­a de dos tercios, en un Legislativo con preeminencia conservadora.

Las funciones del PDH, como ente fiscalizador y parte del Estado, son institucionales, es decir enmarcadas en las formalidades de la ley, por lo que sus intervenciones no siempre son las mismas que las de las organizaciones sociales, de las que recibe denuncias y requerimientos y a las cuales, a veces también acompaña en sus acciones. Las acciones del PDH y las de las ONG´s se complementan para lograr objetivos. En ese sentido haber ganado ese espacio para un representante de la sociedad civil fue un triunfo.

El PDH actual, lo mismo censuró al gobierno anterior que al gobierno presente, demostrando independencia de criterio, apegándose a su mandato normativo; y ha retomado los temas de desaparecidos, averiguaciones especiales, resarcimiento y las investigaciones del antiguo archivo de la Policí­a Nacional, todos de gran significación para el movimiento de derechos humanos; al igual que ha demostrado su capacidad en los casos del desalojo violento de la finca Nueva Linda, los asesinatos de la niña Heidi y Claudina Velásquez y el caso de Pavón que mereciera tal cantidad de criterios encontrados, veces por sesgo, veces por franca ignorancia.

Ahora algunas organizaciones de derechos humanos están tratando de repetir el ejercicio anterior: convocar a que profesionales del derecho presenten su currí­cula y seleccionar una terna para proponerla a la Comisión de Derechos Humanos. Sin embargo, las circunstancias son diferentes a las de hace cinco años. Hoy el movimiento se encuentra dividido y algunos de sus integrantes cooptados por el gobierno. El objetivo final debiera ser consolidar el espacio ganado. La PDH ha tenido un desarrollo institucional significativo.