En busca de una solución a los casos de violación por parte de sacerdotes, el Congreso de Colombia estudia un proyecto de ley para castrar químicamente a los religiosos que no puedan controlar sus impulsos sexuales.
Roy Barreras, representante a la cámara (baja) por el partido Cambio Radical, propuso el proyecto que dijo podría ser usado en todos los acusados de abuso sexual con el fin de evitar la reincidencia en el delito.
«Consiste en una terapia de bloqueo hormonal», explicó el senador.
La iniciativa se conoce al tiempo con denuncias de religiosos en torno a las supuestas relaciones homosexuales del párroco de la Catedral de la ciudad de Cali (suroeste), monseñor Fred Potes.
La propuesta del representante fue apoyada por la senadora Gilma Jiménez, que lidera «los muros de la infamia» que consisten en divulgar las fotografías y datos de violadores de niños en localidades de Bogotá, así como en recibos de servicios y vallas.
«Sería el muro de la infamia de los sacerdotes», dijo la representante que propuso divulgar la fotografía de los religiosos así como los hechos en que incurrieron.
Los legisladores criticaron la absolución de cargos que ordenó la institución religiosa a favor del sacerdote Efraín Rozo, acusado de pederastia por su sobrino y otros clérigos que lo acusaron de violarlos durante sus épocas adolescentes de seminario.
Ante los escándalos, la iglesia Católica pidió a medios informativos respetar el derecho al buen nombre de las personas y las instituciones, y dejaron en manos de los tribunales eclesiásticos las respectivas investigaciones. En videos difundidos por telenoticieros, Rozo admitió su culpabilidad pero posteriormente aseguró que fue presionado. El sacerdote fue obligado a indemnizar a víctimas en Estados Unidos, pese a lo cual fue exonerado en Colombia.
En tanto, Potes no confirmó ni negó las acusaciones del sacerdote Germán Robledo, quien aseguró que más de 50 jóvenes tuvieron relaciones homosexuales con el párroco a cambio de dinero, y que algunos lo chantajean para mantenerse en silencio.
Barreras ha pedido insistentemente a los jerarcas que juzguen a sus miembros con la misma firmeza que aplican cuando critican la situación de los homosexuales o el aborto, y que expulsen a los pederastas de la institución.