Presupuesto 2011


Q52,960,000,000 es un montón de pisto aquí­ y en cualquier parte del mundo, además, se trata de la cantidad de dinero que muy probablemente manejarán nuestros gobernantes, los elegidos y los designados, el año próximo. El asunto cualitativo del manejo es, a mi parecer, bastante más importante que el cuantitativo ya que a la mayorí­a de renglones en el Presupuesto se les puede encontrar una «justificación» pero como los gobernantes no pueden disponer de todo el dinero que quisieran, por suerte, existe un elemento básico para hacer del presupuesto una herramienta de planificación con verdadero sentido de utilidad: los recursos son escasos. La escasez de recursos obliga a los gobernantes a tener un poco de decencia creativa. Claro está, hasta que encuentran cómo sacarle vuelta al asunto y empiezan a prestar dinero que no pagarán ellos.

John Carroll S.

Sin embargo con un vistazo rápido a las fuentes de recursos se puede observar que estamos haciendo las cosas mal. Tenemos cerca de Q40 mil millones de ingresos y nos gastamos casi Q53 mil millones, lo que nos indica que de una u otra manera tendremos que financiar casi Q13 mil millones. ¿Cómo financian nuestros gobernantes este déficit? De varias formas: antes con la famosa maquinita de billetes, ahora con préstamos, bonos y donaciones. El resultado es el mismo; más dinero en manos ineficientes, corruptas y con fines electoreros. Tenemos años de no tener un presupuesto equilibrado con los ingresos y esto tarde o temprano lo tendremos que pagar todos, de una u otra forma.¿En serio le parece lógico que nos ingresen 40 y nos gastemos 53? A mí­ no. La diferencia para el año entrante es de Q13 mil millones, pero la verdad es que tenemos acumulados casi Q80 mil millones y la cifra crece año con año. Ya sé que me van a decir que el Estado de Guatemala goza (como que si el Estado gozara) de un buen record crediticio, que nuestros niveles de endeudamiento no son alarmantes, que es necesario para el desarrollo. Pero la verdad es que hace diez años debí­amos poco, hace cinco años debí­amos bastante y hoy debemos un montón. O controlamos a nuestros gobernantes o el asunto se nos puede salir de las manos en menos de cinco años.

Tenemos que ver cuáles son nuestras prioridades porque el dinero no alcanza para todo. ¿Acaso le parece más importante la educación que la justicia y seguridad? A mí­ no, y, sin embargo, gastamos más del doble en educación que en la justicia y seguridad. Y con esto no quiero decir que la educación no sea importante, pero lo que estamos tratando de hacer es establecer prioridades. Y claro, hay muchos rubros como el de Agricultura, Trabajo, Cultura y Deportes y Ambiente que me parecen un insulto con la situación de justicia y seguridad que vivimos hoy. Claro que el deporte es importante; es sano, despeja la mente, da disciplina, ayuda a construir relaciones y entretiene. Pero pregúntese si estas tareas debieran de estar a cargo del Estado y sobre todo en sacrificio de cosas vitales como la Seguridad y Justicia. Claro que la cultura es parte de nuestra identidad y los Guatemaltecos necesitamos espacios para manifestar nuestras costumbres y cualidades artí­sticas pero de nuevo ¿qué relevancia tienen esas cosas contra lo de llorar la muerte de un ser querido a manos de delincuentes que tienen 98% de probabilidad de salir impunes, si los capturan?

El servicio a la deuda del Estado de Guatemala (como que si el Estado la pagara) es para el siguiente año del 16% del presupuesto nacional, una barbaridad de dinero que está cerca de los Q9 mil millones y lo que voy hacer para las próximas elecciones es pedirle encarecidamente a los diputados que elija para el siguiente perí­odo, su compromiso de el planteamiento y el voto a favor de una ley que le impida al Estado a gastar más de lo que proyecta en ingresos tributarios. Solo de esta manera el control de cuanto se gasta regresará a los tributarios que somos al final de cuentas quienes pagamos los elotes. Le invito a que hable con los diputados que quiera elegir y les exija lo mismo. Su voto y su opinión son sus únicas herramientas para negociar.