Presos de la pobreza


«La penuria, la desigualdad, la injusticia, la inseguridad y la opresión son sellos distintivos de la pobreza.»

Amnistí­a Internacional

El prólogo del último informe de Amnistí­a Internacional (AI) sobre el estado de los derechos humanos en el mundo hace énfasis en los estragos que ha provocado para los pueblos la actual estructura económica, que tiende a privilegiar a un grupo reducido de personas a expensas de la explotación, la pobreza y la miseria de la mayorí­a. A continuación, algunos párrafos del mismo:

Ricardo Ernesto Marroquí­n
ricardomarroquin@gmail.com

«En un abrir y cerrar de ojos, los gobiernos ricos y poderosos fueron capaces de reunir sumas muy superiores a las que no habí­an logrado encontrar para frenar la pobreza. Inyectaron dinero en abundancia a bancos en quiebra y a programas de estimulación de economí­as encalladas a las que se habí­a permitido navegar sin rumbo durante años.

«Al final de 2008 estaba claro que nuestro mundo de doble cara -privación y codicia, o el empobrecimiento de muchos para satisfacer la avaricia de unos pocos- se hundí­a en un agujero negro. La recesión económica mundial reproduce el patrón del cambio climático: los ricos han causado la mayor parte de la destrucción, pero son los desfavorecidos quienes sufren las peores consecuencias.

«Es patente que los gobiernos no sólo han renunciado a la regulación económica y financiera en favor de las fuerzas del mercado, sino que además han fracasado estrepitosamente a la hora de proteger los derechos humanos, la vida y el sustento de las personas. Miles de millones de personas sufren inseguridad, injusticia y humillación. Estamos ante una crisis de derechos humanos.

«El mundo necesita un liderazgo diferente, un modelo distinto de polí­tica y también de economí­a, algo que funcione para todas las personas, y no únicamente para unos pocos privilegiados. Necesitamos lí­deres que propicien en los Estados el cambio de los intereses propios nacionales y la estrechez de miras a la colaboración multilateral, para que las soluciones sean integradoras, completas, sostenibles y respetuosas con los derechos humanos. Debe ponerse fin a las alianzas forjadas entre gobiernos y empresas con afán de enriquecerse a expensas de los sectores marginados.

La penuria, la desigualdad, la injusticia, la inseguridad y la opresión son sellos distintivos de la pobreza. Constituyen, sin lugar a dudas, problemas de derechos humanos que no remitirán si únicamente se toman medidas económicas.

«Hace casi 50 años, Amnistí­a Internacional nació para pedir la liberación de los presos de conciencia. Hoy «exigimos dignidad» también para los presos de la pobreza, para que puedan cambiar sus vidas.»

El prólogo del informe de AI es una invitación a reflexionar sobre la sociedad que tenemos. Sin duda hay que repensar al Estado, pero a partir de propuestas que se acerquen a garantizar el bien común y no el del mercado, como se ha hecho hasta el momento y cuyas consecuencias más desastrosas las podemos observar en la precaria calidad de vida de la mayor parte de la población.