Fuera de lo que fue la campaña, es decir de quien y en la manera en la que se obtuvo el financiamiento, algunos de los personajes que rodean al gobernante y algunos otros temas que siempre es bueno discutir, el Presidente me dio la impresión que era alguien que tenía noción de lo que enfrentaría una vez tomara posesión.
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Llegó el 14 de enero y Otto Pérez Molina asumió la Presidencia en medio de grandes retos, oportunidades y ofrecimientos que nos confirmaban que él entendía a lo que se enfrentaba en el mando y daba la sensación que sabía qué se debe realizar para empezar una nueva ruta del cambio del país.
Y con ello llegó la famosa, valiente y bien planteada idea de la despenalización de las drogas, la que ha provocado un debate ya no regional, sino mundial y que ha ido aterrizando más, algo que se puede palpar en el artículo del Presidente en un diario inglés el fin de semana.
Pérez Molina ha tenido la determinación para hablar de frente a sus detractores de la propuesta, de los obstáculos que ha interpuesto Estados Unidos y no ha claudicado a pesar que muchos le sugirieron, de forma vergonzosa, que si quien manda decía que no, ni se le ocurriera seguir con la “fracasada” idea.
En fin, ahora estamos a la puerta de la Cumbre de las Américas y ahí se escribirá un nuevo capítulo en el tema de las nuevas rutas. Lo que sí está claro es que Pérez está haciendo un aporte al mundo al poner este tema sobre la mesa.
Pero así como ha tomado un papel protagónico en la droga, creo que en el plano nacional es momento que por fin se decida a abanderar la lucha por la transparencia. Hace unas semanas yo decía que a mi juicio la misma es clave para el desarrollo del país, desarrollo que el Presidente ofreció el 14 de enero.
El Presidente debe reconocer, como en las drogas, que el modelo actual ha fracasado por más de 40 años y que por ende, debemos buscar nuevas rutas en el tema de la transparencia. Viendo las iniciativas de ley que el mismo Ejecutivo preparó para combatir la corrupción, pareciera que el Presidente esta vez no lo tiene tan claro como en el tema de la droga.
Si el Presidente lo tuviera claro y quisiera abanderar las nuevas rutas locales a favor de la transparencia, con el mismo ímpetu y liderazgo que lo ha hecho en el plano mundial, debería en serio dedicarle alma, corazón y vida por no poner una vulgaridad, a encontrar las formas de erradicar la corrupción que ha beneficiado a miles, pero perjudicado a millones.
Y las nuevas rutas pasan por darle fecha de expiración a los fideicomisos, a reformar la Contraloría, a tapar los agujeros que ya sabemos tiene la contratación estatal, a tener una eficiente y clara ley contra el enriquecimiento ilícito en donde funcionarios y contratistas estén medidos con la misma vara de la certeza del castigo, entre algunas cosas.
Así como el Presidente, en la droga, tiene a falderos como Funes y tercos como los del Norte, en Guatemala tiene a sus propios financistas, a mucha de su misma gente, a la oposición, a muchos diputados transas y contratistas que no quieren dejar de hartarse y mamar del Estado, a costa del dolor, sufrimiento y subdesarrollo de todo un país y su gente.
Por tanto, se requiere que usted, Presidente, abandere la lucha por la transparencia y créame que así como en el tema de las drogas, las cosas no serán fáciles, tendremos muchos obstáculos y salidas en falso, errores e incertidumbres, pero más temprano que tarde se pueden sentar las bases del cambio.
Es cierto que no es una cosa sólo de leyes, depende también de una sociedad que reniega y a la vez se beneficia de la corrupción, pero depende más de usted, de su liderazgo que nos invite a cerrar filas a su lado por el país, así como ha ocurrido con el tema de la despenalización. Usted manda, Presidente.