En medio de la crisis que vive Guatemala y buscando soluciones que nos permitan enfrentar maduramente la situación, creo que es urgente que el Presidente de la República, ílvaro Colom Caballeros, se comprometa con la sociedad a garantizar la elección de una Corte Suprema de Justicia y Salas de Apelaciones absolutamente independientes y totalmente honorables, para lo cual urge que se apruebe la ley propuesta para regular el trabajo de la Comisión de Postulación y mejorarla para darle los dientes que según él no tiene la propuesta por la diputada Montenegro.
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El doctor Carlos Castresana ha insistido en que él puede garantizar la independencia y la capacidad de la CICIG, pero que la investigación que tiene que realizar no depende sólo de la Comisión sino que tiene que complementarse con el comportamiento de las instituciones nacionales de justicia y por supuesto que la Corte juega un papel importante. El caso actual no será resuelto en pocos días y mientras más independiente y honorable sea la futura Corte, mejor para todos, incluyendo al Presidente o, mejor dicho, sobre todo para el ingeniero Colom y sus allegados.
Si antes del crimen del domingo era inexplicable la postura del Gobierno al negarse a aprobar la ley reguladora de la Comisión de Postulación, oponerse ahora pasaría a ser una torpeza política inaceptable. Porque todos sabemos que la ausencia de tribunales confiables es tan grave como la podredumbre que impera en el Ministerio Público donde es evidente el nivel de compromiso que hay de los fiscales con las diferentes estructuras del poder formal y paralelo. Elegir una Corte Suprema ajena a esos compromisos e integrar las Salas de Apelaciones con criterio de transparencia daría un respiro a Colom porque ya dije que lo que se revierte ahora contra el sistema político es esa absoluta falta de credibilidad de las instituciones. Si tuviéramos un Ministerio Público honorable y decente y una Corte Suprema confiable, los guatemaltecos aceptaríamos que la maquinaria de justicia se encargue de esclarecer hechos y sindicaciones. Pero como nadie cree en nadie, con absoluta y justa razón, lo que ahora ha ocurrido crea una crisis política sin precedentes porque a la larga entre la opinión pública se trata de contrastar el testimonio de un muerto contra la defensa de funcionarios públicos. Y en esa realidad es obvio a quién le creerá más el público.
Por ello repito que un acto de inteligencia del Gobierno sería comprometerse a impulsar a como dé lugar la ley de transparencia de la postulación para los magistrados. Y no sólo aprobar la ley de Nineth, sino trabajar con la CICIG para darle los dientes que Colom no le ve a la iniciativa y de esa forma asegurar que en cualquier circunstancia, el poder judicial estará en manos de los abogados más competentes y probos y no de quienes tienen más conectes con los grupos tradicionales de poder oculto o con los partidos políticos.
Si el sacrificio de Rodrigo Rosenberg nos ayuda siquiera a que se transparente la elección de magistrados para romper la cooptación evidente, ya el país tendría mucho que agradecerle.