Guatemala ocupa por primera vez en su historia, luego de algunos intentos fallidos, un escaño en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, órgano que tiene la competencia para aplicar sanciones contra países que incurran en violaciones de las normas de pacífica convivencia de acuerdo con el derecho internacional. Por ello sorprende que el Presidente Pérez Molina y su Canciller se hayan pronunciado a favor de la postura norteamericana de mandar por un tubo al Consejo de Seguridad y a todo el sistema de Naciones Unidas, anunciando de hecho la decisión unilateral, pendiente de aprobación del Congreso, para atacar a Siria con base en informes de inteligencia recabados por sus propias agencias.
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Todos los miembros del Consejo de Seguridad debieran, por elemental principio, reclamar para ese órgano de Naciones Unidas la facultad de aplicar sanciones si la verificación internacional confirma que fue el gobierno de Assad el que utilizó armas químicas en contra de los rebeldes que tratan de derrocarlo. No puede olvidarse que en el mismo mensaje que dirigió el Presidente Obama anunciando su postura de aplicar un ataque aéreo contra el régimen sirio, dijo que “continuarán” dando apoyo a los rebeldes que tratan de derrocar al gobierno de ese país, con lo que se admite que hay injerencia extranjera en el conflicto político que mantiene en estado de convulsión a Siria.
En otras palabras, Estados Unidos está jugando el papel de juez y parte, además de policía del Universo para aplicar por sí y ante sí las sanciones que estime pertinentes sin tomar en cuenta las normas del derecho internacional. Obama sostiene ahora lo mismo que Bush dijo en su momento, es decir, que el sistema de Naciones Unidas no funciona y que, ante la imposibilidad de lograr una resolución que supere el veto ya anunciado de Rusia, la solución dispuesta es la acción unilateral. Lo que hace distinto a Obama con respecto a Bush es que mientras el republicano asumió plenamente la responsabilidad de sus actos y enfrentó al mundo entero con su decisión de atacar a Irak simplemente teniendo como base los informes falseados de sus servicios de inteligencia, el actual Presidente demócrata quiere lavarse las manos y compartir la responsabilidad exigiendo a los miembros del Congreso que aprueben su ya anunciada intención de lanzar un ataque aéreo como represalia contra el gobierno sirio.
La idea fundamental de crear el sistema de Naciones Unidas tras la Segunda Guerra Mundial y de asignar derecho a veto a las grandes potencias, fue la de impedir que algún gobierno que se sintiera poderosamente respaldado por su fuerza militar, dispusiera acciones unilaterales en contra de otros gobiernos y de otros pueblos. El veto es un instrumento fundamental dentro del sistema de Naciones Unidas para prevenir excesos producto de la prepotencia de alguna nación que sienta que tiene derecho a actuar como gendarme en todo el mundo.
Lo inaudito en el caso de Guatemala es que lejos de reclamar para el Consejo de Seguridad, del que es miembro en este período, el derecho y la facultad de decidir sobre la situación en Siria de acuerdo con las normas elementales del derecho internacional, nuestras autoridades se apresuraron a mostrar su respaldo a la decisión de Washington. Guatemala pudo haber apoyado una solicitud de Estados Unidos para sancionar a Siria y lo debió hacer como miembro del Consejo de Seguridad y reclamando para ese órgano el exclusivo derecho a decidir sobre el tipo de sanciones.
Aunque sea para guardar apariencias y para quitarnos la etiqueta de perrito faldero debimos de mantener la jerarquía que corresponde a todo país que integra el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de cara a un conflicto bélico.