El año nuevo está a un día hábil de por medio. La descripción de los conflictos por venir, de hecho ha ido más allá de la sola relatoría. Ha de pensarse, supongo, en el largo plazo para que en efecto se produzcan oportunas acciones y reacciones tanto de gobernantes como de gobernados. La estabilidad del país estará a prueba todo el tiempo en las semanas próximas.
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Cada problema puede ser visualizado como un obstáculo insoslayable, así como la ocasión de hacer las cosas de manera diferente y tal vez, encontrar resultados diferentes. El Presidente de la República tiene en sus manos la posibilidad de poner en práctica todo el caudal de su formación militar en el sentido aquel que “mejor batalla es la que no se libra en vano” o aquella otra máxima que dicta que es “preferible perder una batalla más no la guerra”. Las batallas presagiadas para el 2013, se refieren al ámbito social (con campesinos e indígenas de un lado y los agremiados a la Cámara del Agro del otro); pero también a los estudiantes de las escuelas normales (y los llamados empresarios de la educación) frente a las autoridades del Ministerio de Educación. Se agrega a este escenario las acciones de inconstitucionalidad que se habrán de presentar a partir del próximo miércoles 2 de enero en cuanto la “Actualización Tributaria” adquiera plena vigencia ese mismo día.
La conflictividad social no es la “guerra de fondo”, ésta es más bien una expresión de la problemática estructural productiva que ha prevalecido en las últimas décadas (demasiadas tal vez). En consecuencia, no es con pírricas “ganancias” de tiempo como se ha de dirimir la adecuada concepción para enfrentar este conjunto de aspectos. Por su parte, en cuanto a la temática educativa, de emprenderse la tal reforma en el 2013, parecería que habrá de provocar más vacíos y problemas que los aspectos a los que se aspira subsanar. Entonces, esta batalla al ser pospuesta en su inminente imposición puede traducirse en una auténtica ganancia si en efecto se impulsa con un adecuado conjunto de elementos hoy ausentes (pénsum completo, bibliografía adecuada y apropiadamente revisada para la acertada formación de los futuros docentes, entre otros aspectos). La verdadera batalla a ganar ha de ser por la persuasión de haberse emprendido una integral implementación.
En materia de desarrollo rural hay tanto por adecuar, reorientar y emprender que perderse en señalamientos de inconstitucionalidades inexistentes no hace sino propiciar que se dilapide el tiempo que podría ser el proveedor de un verdadero legado al desarrollo de los habitantes marginados del país. Más allá de los consejos o del acomodamiento de los consejeros, los presagios deben ser administrados como oportunas alertas para encauzar al país por los anhelados derroteros de la paz, el desarrollo integral, la justicia, la seguridad y el bien común. O por el contrario, continuar anegados en las más mezquinas ambiciones sectoriales. El equipo de gobierno quiera o no, tiene “el balón” del lado de su cancha en este complejo escenario nacional. Ojalá y pueda prevalecer una mentalidad de resolución y no de agudización de la conflictividad que nos habrá de llamar la atención en cosa de tan solo unos días de aquí hasta entonces. El peor sordo es aquel que no quiere escuchar.