Ahora con la celebración del Oxlajuj Baktún, se ha puesto de moda hablar de la nueva era que habrá de empezar el 21 de diciembre de este año con el solsticio de invierno. Yo, sin embargo, hablo de algo mucho más modesto y es la preparación para el inicio del segundo siglo de La Hora que en 2020 cumplirá cien años desde que Clemente Marroquín Rojas la publicó por vez primera. Esta ha sido una empresa familiar en la que nos hemos formado ya varias generaciones de periodistas y este año empezó a hacer su primera pasantía el primer miembro de la quinta generación de la familia que viviendo en Guatemala tiene inclinación al periodismo deseoso de aportarle algo a nuestro país.
ocmarroq@lahora.com.gt
Sebastián Pemueller Marroquín es el mayor de mis nietos que viven en Guatemala y a sus trece años está haciendo lo que hicieron sus tíos y antes que ellos su abuelo y tíos abuelos, quienes dedicamos las vacaciones escolares a trabar ese contacto con la tinta de imprenta que al final se nos impregna de manera indeleble. Mucho ha cambiado desde el tiempo en el que yo venía a los talleres a conocer el proceso de impresión. En esos tiempos dependíamos de los linotipos, el fotograbado y las Ludlow, mientras el plomo derretido en enormes crisoles era parte esencial de la tipografía y el estruendo de las viejas prensas era impresionante. Hoy en día el ambiente es mucho más limpio, silencioso y eficiente, con todo computarizado porque en las artes gráficas la irrupción de la era digital trajo cambios verdaderamente revolucionarios.
Hijo de dos abogados exitosos en sus respectivos bufetes, siempre pensé que seguiría los pasos de sus padres para dedicarse al derecho corporativo, pero hace varios meses me comentó que estaba pensando estudiar periodismo porque le atraía mucho el futuro en La Hora y trabajar conmigo y con su tío Pedro, quien reparte su tiempo entre la atención a sus clientes como abogado y la dirección de la parte periodística del diario.
Nuestra redacción ha sido escuela para muchos periodistas en Guatemala, varios de ellos activos tanto aquí como en otros diarios donde se valora su trabajo. De mis hijos, José Carlos y Pedro han sido los dos que han tenido interés y se han dedicado al periodismo, aunque el mayor de ellos, José Carlos, pensó que podría proyectarse más en el campo de la política y al final terminó forzado a emigrar tras ser advertido de que no podían garantizarle aquí su seguridad. Por supuesto que ver a Sebastián, miembro de la quinta generación, empezando a pergeñar cuartillas llenas de sus inquietudes sobre la realidad del país, planteando sus dudas y las ideas frescas de un patojo lleno de optimismo y confianza en el futuro, lo enriquece a uno más de lo que puede imaginarse.
Particularmente pienso que es más fácil enseñar los rudimentos del periodismo a una persona con sólida formación académica en otras disciplinas; creo en la necesidad de una amplia cultura general, pero con conocimiento específico de ciertos campos de las ciencias sociales o la economía porque no se puede negar la importancia que esas áreas tienen en la vida cotidiana y la necesidad que hay en países como el nuestro de abordar los temas desde perspectivas con solidez científica. Valoro mucho el interés por la tecnología que domina el mundo moderno, porque es indispensable en la gestión de cualquier empresa.
Sentir que el esfuerzo que inició Clemente Marroquín Rojas en 1920 puede tener continuidad con una quinta generación de Marroquines entregada al trabajo de hacer un periodismo comprometido con los intereses del país y luchando por rescatar los valores abandonados por erróneos conceptos de modernidad me da cierta paz y mucho entusiasmo.