Preocupación respecto a la hambruna


Una de las más terribles implicaciones de la crisis económica actual es el inminente riesgo de que se produzca un déficit en el suministro de alimentos a nivel mundial y según palabras de Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, alrededor de cien millones de personas en el mundo podrí­an sufrir y caer más hondo en condiciones de pobreza, retrasando con ello alrededor de siete años de esfuerzo para combatir la pobreza a nivel mundial.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

De esos cien millones de personas, no podemos ignorar que algunos son guatemaltecos porque es indudable que tendremos que pagar un alto precio por esta crisis económica. Ya el ingeniero Edí­n Barrientos, experto en temas agrarios, ha dado una importante voz de alerta sobre una merma en la producción local de granos básicos que será consecuencia de falta de insumos para la siembra al inicio de este invierno, lo que se añadirá a las condiciones externas que son de por sí­ graves. En otras palabras, no basta con el porrazo que nos viene de afuera, sino que hay que añadir a eso las condiciones internas en las que pesa mucho la deficiente administración de polí­ticas agrarias que impiden suministrar semilla y fertilizante a los productores.

Lo que me preocupa es ver que mundialmente hay una enorme preocupación por el tema de la seguridad alimentaria, porque se entiende que esta crisis económica tendrá efectos muy serios en ese campo y que en Guatemala no sólo haya tan poco interés por asegurar el suministro, sino que hasta existan polí­ticas erradas cuya repercusión será, cabalmente, reducir nuestra propia capacidad de producción.

Toda la crisis tiene serias implicaciones y traerá consecuencias que pueden ser muy graves no sólo en lo económico sino que también en lo social y, consecuentemente, en lo polí­tico y todo lo relacionado con la gobernabilidad. Pero aun con esa graví­sima dimensión del problema, resulta nada comparada con la que tiene que ver con la hambruna porque es condenar a la muerte a muchas personas literalmente de hambre, por existencia de condiciones inhumanas en las que millones de seres alrededor del planeta perderán la vida por falta de alimentos y muchos más perderán oportunidades porque la falta de nutrientes en años crí­ticos de su vida les dejarán una tara para el resto de su existencia.

No hay que hablar de estadí­sticas ni de números porque se trata de un drama humano de dimensiones insospechadas y es obvio que no hay capacidad de respuesta ni siquiera gracias a la coordinación de toda la ayuda internacional. Tristemente tenemos que admitir que como toda acción genera reacción, el mundo tendrá que pagar un elevado precio en vidas humanas por la insensata polí­tica que han seguido grandes potencias, especialmente aquella que no sólo provocó una guerra en Irak, sino que además descalabró su propia economí­a y la economí­a mundial por el enorme déficit fiscal que ha servido para financiar la aventura guerrerista que fue capricho de un individuo.

Cuando el dí­a de mañana se tenga que evaluar las consecuencias de esta administración norteamericana, no bastará con colocar en el listado de muertos a los soldados que fallecieron en Irak, ni siquiera si le aumentan todos los muertos civiles que han sido ví­ctimas de esa llamada guerra contra el terrorismo. Lugar especial en la lista deberá ser asignado a los niños y niñas y a los miles de adultos que mueran por el hambre provocada por esta crisis económica mundial.