Los precios al consumo se dispararon en junio en Estados Unidos, registrando su mayor alza en 26 años, bajo la presión creciente de la energía, lo que añade nuevos problemas a una economía que intenta escapar a la recesión.
Los precios al consumo aumentaron 1,1% en junio con relación a mayo, lo que representa la mayor alza mensual desde junio de 1982. En un año, la inflación alcanzó 5%, su mayor nivel desde 1991, indicó el Departamento de Trabajo.
El presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, estimó que inflación es «demasiado elevada actualmente» en Estados Unidos y aseguró que la Fed se ocuparía de reducirla.
El jefe de la Fed admitió sin embargo que «el enorme salto de los precios del petróleo y de otras materias primas se debe en cierta medida a factores que escapan al control de la Reserva Federal».
Este incremento «extremo» de la inflación es «particularmente indeseado», señala Peter Kretzmer del Bank of America, quien no vacila en hablar de «estanflación» (estancamiento de la actividad económica con una inflación elevada) para calificar la situación actual.
El departamento de Trabajo explicó que este aumento inesperado (los analistas preveían sólo 0,7%) se debe «en dos tercios» al alza de los precios de la energía.
En un mes, los precios de la gasolina, como los de fuel para calefacción aumentaron más de 10%, y con un barril de petróleo cerca de sus récords, los analistas no ven motivo para esperar una tregua.
«Los precios al consumo deben seguir aumentando en los próximos meses», asegura Aneta Markowska de la Société Générale, que prevé un barril de crudo a cerca de 147 dólares en media hasta el tercer trimestre.
«Esto llevaría la inflación a alrededor de 5,5% a 5,6% de aquí a agosto», añade.
El índice «de base» (que excluye alimentación y energía) sufrió un aumento más modesto: 0,3% en un mes y 2,4% en un año. Incluso si también allí se hace sentir el precio del petróleo, por ejemplo en la subida de las tarifas aéreas, su impacto es limitado, las empresas en su conjunto siguen enjugando gastos para no aumentar sus precios.
Pero los analistas se preguntan cuánto podrá durar esto.
«Por el momento, no vemos señales de una espiral de precios y salarios en Estados Unidos, pero las cifras de hoy han aumentado los temores», aseguró Markowska.
De hecho, los salarios semanales corregidos por la inflación retrocedieron 0,9% en junio, o sea, la mayor baja en 24 años.
La misma preocupación reina en el seno del banco central, que apunta a una inflación de base que no supere 2%. El martes, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, había advertido que la inflación podría crecer a corto plazo.
En tiempos normales, una disparada como ésta provocaría un aumento de las tasas, pero la economía norteamericana enfrenta en este momento múltiples desafíos debido a la crisis inmobiliaria, que van desde una amenaza de recesión a la turbulencia en los mercados financieros, y esto impide el ajuste monetario que sería preciso.
«La economía se estanca y la inflación aumenta. Queda claro que se está lejos de los niveles de los años 70, pero la combinación de ambos crea un verdadero problema para la Fed», observa el economista independiente Joel Naroff.
Por esta razón, el banco central habrá de mantener sin duda durante cierto tiempo su tasa rectora en 2%, pese a la reticencia de los más ortodoxos en su seno, que no habían vacilado en votar contra las recientes reducciones de tasas.
«La Fed seguramente se abstendrá de aumentar sus tasas hasta 2009», estima Kenneth Beauchemin de la consultoría Global Insight.
«E incluso la hipótesis de una baja de tasas permanece sobre la mesa, en la hipótesis improbable de un desastre financiero en los próximos meses», añadió.