Una investigación, la primera en su tipo, llevada a cabo por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), reveló que el 53 por ciento de la población rural en América Latina vive en condiciones de pobreza.
El documento señala que la informalidad y la precariedad en el trabajo, son factores que inciden directamente en el aumento de los índices de pobreza en las áreas rurales del continente, pese a los reportes de crecimiento económico en los últimos años.
Entre los pobres de las áreas rurales, menos de la mitad de ellos tienen acceso a mercados formales de trabajo y en los peores casos esa cifra desciende al 2 por ciento, es decir sólo dos de cada 10 trabajadores o trabajadoras poseen prestaciones y seguridad social.
El estudio Políticas de Mercados y Pobreza Rural en América Latina destaca que la pobreza entre la población rural bajó sólo de 60 por ciento en 1980 a 53 por ciento en el 2010, pese al aumento de las agroexportaciones, el auge agrícola y el crecimiento económico de la región en la última década.
El funcionamiento del mercado laboral no está distribuyendo los beneficios de ese crecimiento económico y se ven principalmente afectadas las personas que habitan en las áreas rurales y que trabajan en los sectores agrarios de esas zonas, añade el documento de la OIT, de la CEPAL y de la FAO.
El informe se dividió en dos tomos; en la primera etapa se analizaron situaciones de 12 países latinoamericanos y el segundo ya incluye datos de Argentina, Bolivia, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y Uruguay.
La segunda parte afirma que la vinculación entre la precariedad en los empleos y la pobreza rural encuentran sus causas en: la debilidad de las instituciones de los Estados, el incumplimiento en el pago del salario mínimo, la falta de protección social, la poca sindicalización y las formas de contratación de la mano de obra.
Los organismos internacionales también identificaron problemas estructurales como el trabajo infantil y la discriminación contra las mujeres, que perpetúan la pobreza en las zonas rurales de América Latina.