Hace algunos días tuve la oportunidad de escuchar a Nathaniel Branden, el maestro de la autoestima. í‰l afirma que existen pilares o bases para el mantenimiento de una apropiada autoestima, uno de ellos es la práctica de la integridad personal.
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Cuestionando esta práctica dentro de un contexto social que carece del desarrollo y la priorización de los valores humanos, pregunto: ¿Qué dificultades existen en el desarrollo y el ejercicio de esta integridad personal?
Primero tendremos el concepto de la misma, que según el autor consiste en la integración de los ideales, convicciones, normas, creencias y la conducta. Es decir existe una congruencia total entre nuestro sistema de valores y nuestra forma de actuar.
Cuando existe un quiebre de nuestra integridad nos estamos hiriendo en nuestra autoestima.
Dentro de los elementos necesarios para hablar de integridad se encuentra la congruencia, como lo expresamos anteriormente, la lealtad a nuestras normas y el hacer frente a los sentimientos de culpa: la cual obedece a nuestras propias discusiones internas sobre nuestras elecciones morales y vivir la vida con responsabilidad.
Los valores han de estar inmersos dentro de un marco reflexivo que conduzca a la razón. Las personas íntegras son auténticas, no buscan beneficios personales en perjuicio de la colectividad; actúan con justicia aunque esto signifique un costo personal.
La corrupción es un concepto totalmente contrario a la conducta íntegra. Pero, habrá quien piense que se puede ser buen profesional siendo corrupto, «si uno hace bien su trabajo».
Pienso que una diferencia manifiesta entre la integridad y la corrupción es que la primera posee nombres propios. Las personas mencionan la integridad de Juan, Pedro, Rosa. Lo hacen sin ningún temor, es parte del orgullo de ser esa persona o de conocerla.
Sin embargo en cuanto a corrupción se refiere esta es anónima, provoca miedo solamente el mencionarla, es masificada. Ahora parece no ser una falta de virtud, sino que una conducta propia de las personas más «inteligentes»; en un mundo que parece ser dominado por esta actitud.
A la persona íntegra con frecuencia se la lleva judas, si no es que se va al cielo de manera inmediata. Mientras que la persona corrupta goza de impunidad, de un estatus económico y/o social que se asume mediante el poder económico que sostiene.
Es difícil ser íntegro cuando el mundo que nos rodea nos solicita ser corruptos, cuando nuestra vida económica, laboral, social, familiar depende de nuestras acciones y del alineamiento a la sociedad en que vivimos. Tal vez exagere, pero esto llega a ser algo así como un mecanismo de adaptación social para muchas personas. Inclusive una forma de prolongar y de proteger sus vidas, para mantenerse a flote.
Este pilar de la autoestima sufre desde su base, no nos damos cuenta de su importancia y de que esto está socavando nuestra autoestima personal, nuestro sentido de identidad y nuestra autoestima colectiva.