En plena campaña política, los candidatos saben que cada gesto, cada palabra, cada actitud y todos los detalles que su imagen conlleva, puede tener efectos positivos o negativos en el electorado. En el reciente debate entre los candidatos a la Presidencia de la República de los partidos políticos, UNE Y PP, llevado a cabo en el programa Libre Encuentro, para ser objetivos, la compostura, concepto que resume el conjunto de signos lingí¼ísticos y no-lingí¼ísticos de los cuales echa mano una persona cuando interrelaciona con otra u otras, públicamente, fue mejor manejada por el candidato de la UNE. Aparte de la claridad argumentativa, en consonancia con la evidente calidad de la información que este candidato manifestó, cabe resaltar la serenidad (auténtica o simulada) que supo proyectar, en contraste con la expresión tensa y arrebatada por momentos, acentuada por una leve risa sardónica y un apresurado hablar del candidato del PP. Las miradas, al mejor estilo de los duelos en las películas de vaqueros, aparte de desafiantes y retadoras (especialmente por parte del candidato del PP) denotaron rencores escondidos y reprimidos por las circunstancias específicas en que se encontraron. El decoro debe prevalecer ante todo, bien por él y por ellos.
El candidato del PP debe aprender a modular su expresión verbal, así como a armar bien las estructuras de la argumentación. El mismo lema que ha adoptado su partido: «Mano dura» en esta campaña, puede cautivar a buena parte del electorado por la vía de la persuasión emotiva, no así por la vía de la persuasión racional. De ahí que resulta dificilísimo sustentar dicha tesis solo con el recurso de su posible aplicación en la sociedad. El candidato contrario lo sabe y por eso, para rebatir sus tesis, recurrió al otro principio, más sensato, más racional y más cívico, de la legalidad. El debate podría reducirse a la confrontación de estos dos principios: el garrote o la ley; la fuerza o la racionalidad. La verdad, creo que haberse centrado en la argumentación ad baculum, en nada benefició al candidato del PP.
Otra cosa, el candidato de la UNE debe cuidar también su a veces exagerada postura de hombre bueno y honesto, la exageración lo lleva muchas veces a colocarse él mismo, frente al público, como hombre dócil, aguado y sin carácter. Está bien aprovechar las características opuestas a los modos rústicos, violentos, abusivos y prepotentes de la mayoría de los políticos criollos, pero todo tiene su límite para no caer en lo ridículo ni en lo cursi.
Para ser franco, creo que ninguno de los dos reúne las condiciones que esperamos de un aspirante a la Presidencia de nuestra Nación. Podrán ofrecer seguridad, honestidad, capacidad y cuanta cosa todos los políticos, de una u otra forma, tarde o temprano ofrecen, pero por más que se esfuercen, por más que den argumentos y que propongan proyectos y planes de trabajo, hay una tradición que en nuestro pueblo los políticos de muchas décadas atrás se han encargado de consolidar y que los actuales no pueden dejar al margen, es la tradición de la corrupción, de la farsa, del fraude, de la verborrea demagógica y de la cual no se puede salir tan fácilmente. En una palabra, la postura de los dos candidatos no fue suficiente para superar eso que se llama:?.DESCONFIANZA.