La decisión de Bogotá de cortar la accidentada mediación del presidente venezolano Hugo Chávez ante las FARC dejó en el limbo la suerte de al menos 45 rehenes de esa guerrilla colombiana y refleja las tensiones entre dos mandatarios tan cerca en estilo como distantes en política.
Después de tres meses de ’tira y afloje’ entre Bogotá y Caracas, el presidente ílvaro Uribe canceló la noche del miércoles la gestión que había encomendado a Chávez y a la senadora opositora colombiana Piedad Córdoba a fines de agosto.
Uribe justificó la suspensión de la mediación como reacción a una llamada que el presidente venezolano hizo al jefe del Ejército colombiano, general Mario Montoya, para hacerle preguntas sobre los secuestrados.
Según Bogotá, ambas partes habían acordado a comienzos de noviembre en una reunión al margen de la Cumbre Iberoamericana en Santiago, que no habría contactos directos de Chávez y los militares colombianos.
«El problema no es que haya llamado a un general, sino que había una advertencia para que no lo hiciera», consideró el ex ministro colombiano de defensa, Rafael Pardo.
Pero este sólo fue uno más en una larga lista de encontronazos en menos de noventa días de mediación. Apenas una semana después de iniciada la gestión, Chávez chocó con la negativa de Uribe a autorizar un viaje a las selvas del sur de Colombia para reunirse con Manuel Marulanda, líder histórico de las FARC.
Luego, una cita prevista para el 8 de octubre entre delegados de la guerrilla y Chávez en Caracas, fue suspendida -según los rebeldes- por falta de garantías para salir del territorio colombiano.
«Chávez y Uribe tienen personalidades muy similares, por eso chocaron ante la notoriedad política que venían adquiriendo las FARC por cuenta de la gestión del eje Caracas-París. Eso motivó la fuerte reacción de Uribe», explica Camilo González, ex ministro y presidente de un instituto de estudios sobre la paz.
«La situación va a producir tensiones bilaterales, sin repercusiones económicas graves pero sí un mal ambiente político», considera González, para quien «han quedado de nuevo en primer plano las diferencias de concepción entre ambos gobiernos».
Por ahora, ambos mandatarios han reaccionado con una calma poco previsible para el estilo fogoso y temperamental que representan Uribe -un derechista que propugna la mano dura y es el principal aliado de Washington en Latinoamérica- y Chávez, autoproclamado líder del socialismo del siglo XXI, que suele comparar a George Bush con el diablo.
Incluso el colombiano aseguró este viernes que estará complacido si las FARC deciden finalmente entregar pruebas de supervivencia o liberar algunos de los rehenes, ante Chávez, Sarkozy o la Cruz Roja, aunque sin dar marcha atrás en su determinación.
Para los familiares de los rehenes, a quienes la mediación de Chávez había llenado de optimismo, la abrupta suspensión cayó como un baldado de agua fría.
Yolanda Pulecio, madre de la ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, una de las cerca de 50 rehenes canjeables secuestradas por las FARC, pidió al presidente colombiano que «recapacite».
«Le pido que recapacite y vuelva a poner el proyecto en manos seguras, en las manos del presidente Chávez y del presidente Sarkozy, que con toda la seguridad estaban trabajando para ayudarnos», dijo.
El hijo de la política franco-colombiana, Lorenzo Delloye, suplicó a Uribe «que no corte definitivamente con el presidente Chávez, que por el momento es el único en América Latina que se puede comunicar con las FARC».
Para ellos Chávez era el intermediario ideal para superar las diferencias que han impedido el canje que las FARC proponen de 500 rebeldes presos por sus rehenes de carácter político, entre los que se incluye tres estadounidenses.
Francia, cuyo presidente ha colocado como una de sus prioridades obtener la libertad de Betancourt, también ha ratificado la importancia de mantener a Chávez como mediador.
Pero el gobierno colombiano considera que la determinación de cancelar la mediación es irreversible y Uribe ratificó en otra mención tangencial al tema que continuará buscando la libertad de los rehenes «por todos los medios», aunque sin considerar la posibilidad de recurrir de nuevo a Chávez.
El presidente venezolano, Hugo Chávez, insultó y amenazó anoche con enviar a la cárcel a los principales prelados venezolanos si se involucran en acciones desestabilizadoras contra su gobierno.
«Rector (Luis) Ugalde, una vez lo perdoné, pero si lo hace otra vez directico va a parar a (la cárcel de) Yare, con sotana y todo (…) Y usted también cardenal», dijo Chávez, por unas declaraciones del rector de la Universidad Católica Andrés Bello y del cardenal Jorge Urosa Sabino en contra de la reforma constitucional.
El mandatario venezolano llamó «vagabundos», «maleantes», «jala mecates» (aduladores), «estúpidos», y «retardados mentales», entre otras cosas, a la jerarquía de la Iglesia, que criticó en un documento público la propuesta para modificar la Constitución, que será sometida a un referendo el 2 de diciembre. «Son el demonio, defensores de los más podridos intereses, son unos verdaderos vagabundos del cardenal para abajo», dijo Chávez en un controversial programa nocturno de la televisión estatal.
La Iglesia venezolana presentó el 19 de octubre un documento en el que critica la propuesta constitucional porque «limita la libertad de los venezolanos, incrementa excesivamente el poder del Estado, elimina la descentralización, y el gobierno controla muchísimos espacios de la vida ciudadana».
«Que se vayan a rezar 100 padrenuestros y 100 avemarías de rodillas», subrayó Chávez, en referencia al documento.