«Históricamente, Guatemala ha desarrollado sus bases político-jurídicas sobre la exclusión, discriminación y racismo contra las y los indígenas».
Organizaciones sociales ponentes de la Ley General de los Derechos de los Pueblos Indígenas.
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El racismo y la discriminación, dos prácticas implementadas en el país desde la conquista española, son características de la sociedad y del Estado en Guatemala. Los informes de Desarrollo Humano reflejan esta realidad: la pobreza y la pobreza extrema se presentan principalmente en la población indígena.
Es indígena la mayoría de la población que no sabe leer ni escribir, la que tiene menos oportunidades de desarrollo y de tener acceso a los servicios de salud; son los pueblos indígenas quienes tienen menor participación en los puestos de poder dentro de las instituciones estatales y fueron indígenas las principales víctimas del conflicto armado interno y del delito de genocidio.
Fueron a los pueblos indígenas a quienes se les arrebató la propiedad sobre las tierras comunales durante la Reforma Liberal, así como en las dictaduras militares, apoyadas por las principales élites económicas del país, a partir de 1954.
Es al movimiento indígena y campesino al que se criminaliza cuando decide utilizar el derecho constitucional a la manifestación ante la inequitativa distribución de la tierra y a la destrucción de su entorno natural por la actividad minera. Es indígena, también, la mayor parte de la población guatemalteca, alrededor del 60%, y son indígenas los pueblos que han sido ignorados históricamente por el Estado.
Sí, es cierto que la Constitución Política de la República señala que todos los guatemaltecos y guatemaltecas somos iguales en dignidad y derechos. Sin embargo, acá las leyes, el sistema económico y las instituciones políticas mantienen esa «igualdad» no entre las diferencias, sino entre las desigualdades.
El Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas es, en papel, un buen inicio para la construcción de un Estado plural, en donde verdaderamente se encuentre representada toda la población.
Pero hace falta mucho más que las buenas intenciones. Ya otros países han avanzado en el tema y, a pesar de la oposición reacia de la derecha, Ecuador y Bolivia se constituyen como Estados que reconocen los derechos de los pueblos indígenas.
Ya en el Congreso de la República se encuentra una iniciativa de ley presentada por la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina, la Asociación Política de Mujeres Mayas, la Defensoría Maya y el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos, que pretende, entre otras cosas, que el Estado y sus instituciones cumplan con el deber de observar y respetar los derechos de las y los indígenas en Guatemala.
Si queremos un país verdaderamente democrático, debemos empezar a reconocernos tal cual somos, e interesarnos por construir un Estado que no represente los intereses de los grupos tradicionales sino de toda la población.