Este texto persigue que los colaboradores cercanos al presidente Pérez Molina encargados de mantenerlo enterado de la información mediática acerca de los asuntos de su Gobierno, si en realidad desean apoyarlo en sus decisiones, le reporten sintetizadamente lo que lectores de La Hora piensan de su régimen, específicamente sobre la falta de transparencia en la negociación de la Empresa Portuaria Quetzal (EPQ) con una firma española.
Esas opiniones reflejan, en alguna medida, el sentimiento de guatemaltecos que votaron por el ahora mandatario y que se consideran defraudados, y también el hartazgo de los compatriotas que están hastiados de la clase política, de suerte que se puede arribar a la empírica conclusión que no son sólo periodistas, analistas, opositores y dirigentes de grupos sociales los que objetan la sombría negociación de la EPQ.
En forma muy resumida trasladaré las acotaciones de decenas de personas que se refieren a mi artículo “A la canallada se suma la desfachatez”, del sábado anterior, cuando abordé el oscuro “contrato” portuario, porque el procedimiento se hizo sigilosamente, despertando suspicacias generalizadas.
Comienzo con don Carlos Pérez, quien dice que “Este gobierno es más corrupto que el anterior”; Irma Shaw censura “La arrogancia, ambición y desvergüenza” de los funcionarios de la EPQ; y el comediante Josué Morales considera que “Si el Presidente no estaba de acuerdo con el negocio, debe despedir (al Interventor) y procesarlo”.
La periodista Blanca Rosa González señala que se ha ocultado una cláusula del contrato que expresa que “la empresa (española) se reserva el derecho de liquidar a los actuales empleados de la EPQ”; y el escritor Gil Zu recomienda a los militares en activo que le adviertan al general Pérez Molina que con “la concesión” se está violando la soberanía nacional.
El lector Juan González recuerda las privatizaciones de Aviateca, Empresa Eléctrica, Fegua y ahora “están poniendo en bandeja de oro” a una empresa cuyo capital es de apenas 450 euros; y don Hugo Lima señala que “una de las peores estupideces de los funcionarios de la EPQ es afirmar que una sentencia de la Corte de Constitucionalidad no es aplicable” a la portuaria.
El señor Enrique Monroy compara a los funcionarios de la EPQ con secuestradores mareros, extorsionadores y “demás lacras que se dedican a chingar (sic) al empobrecido pueblo”; otro lector, de apellido Casasola, asevera que los dirigentes del PP “ya comprobaron la porquería (sic) que son”, pero confía en que amigos leales al presidente Pérez Molina lo aconsejen sensatamente.
Miguel Xitumul dice que “los Alejos acumularon tanta fortuna por medio de contratos turbios”; el filósofo Jorge Mario Rodríguez indica que se encuentra “estupefacto anta tanta canallada”; Benito Garzazo asevera que el contrato es “la crónica de un hueveo (sic) anunciado”; y Mayda Lara cree que a Pérez Molina “Le jugaron la vuelta”.
Don Josué Pérez Figueroa opina que el Presidente “No puede saber todo el laberinto de leyes”, pero debe consultar a sus asesores, aunque varios de estos sean “transeros”, y abundan en ácidas críticas, algunas subidas de tono, contra autoridades gubernamentales, diputados y funcionarios de la EPQ los lectores Hugo López E., Víctor Cabnal, Estuardo Calderón, Juan Barillas, Leonardo Arenales, Alan López, Saúl Juárez, entre otros más.
(El reportero Romualdo Tishudo le pregunta a cierto funcionario de la EPQ: -¿Vio usted “El señor de los anillos”? –Sí; pero le juro que no hice ningún trato con él).