Hambrunas, pobreza extrema, enfermedades y amenazas del invierno, inexorable conteo de calamidades se cierne sobre los menos favorecidos y cualquiera pensaría que ya fue suficiente.
Como salido del anecdotario de Ripley «Aunque usted no lo crea», se ha filtrado que no hay respuesta de 156 millones de quetzales de los fondos entregados a la Comisión Médica Interinstitucional para detener la debacle en que se encuentra la red de salud. Otra información también refiere que no todo el equipo comprado con 86 millones de quetzales gastados está disponible y por último que se carece de recursos para cubrir esta segunda mitad del 2007.
Información del Análisis de Situación del Tema Salud por USAID reporta que hace falta una suma equivalente a la mitad del presupuesto ?que es de 2405 millones de quetzales? para llenar las necesidades de salud proyectadas, o sea que hacen falta 1200 millones. Siguiendo con el estribillo de «aunque usted no lo crea» la cartera de salud en el año 2000 (Gobierno de Portillo) asignó 7.6% del gasto gubernamental para salud. En el año 2006 el Gobierno de don í“scar Berger por situaciones injustificables, redujo el gasto gubernamental en salud a 5.5%.
Para terminar de vivir un desastre sobre otro, el Ministerio de Salud ejecutó únicamente el 42.6% del presupuesto, mientras los hospitales siguen desabastecidos y la misma USAID reporta que 3.5 millones de guatemaltecos no tienen acceso a la salud y que de 255 millones que consume el PEC (Programa de Extensión de Cobertura) solamente 148 provienen del Presupuesto del Ministerio, los otros 107 se cubren con préstamos y donaciones. Un esquema de salud en un país organizado no puede depender ni de voluntarios ni tampoco de préstamos y donaciones. Como dice Enrique Gil Bellorini de OPS, poca asignación y mala ejecución. En nuestro caso la inversión en salud no llega ni al 1% de PIB.
Con todo lo anterior, el Ministerio asigna únicamente media cama hospital por cada mil habitantes, la mortalidad infantil en menores de 1 año es de 38 x mil nacidos vivos y la mortalidad materna de 153 mujeres por cada 100,000 nacimientos, la mitad de estas muertes podrían ser evitadas si los embarazos de riesgo fueran referidos.
El Ministerio de Salud invirtió 198 quetzales por habitante en el año 2005 y por contraste el Seguro Social a pesar de las múltiples quejas en su contra invirtió Q.1073 de un presupuesto de 5,000 millones, o sea que el IGSS invierte cinco veces más en cada guatemalteco enfermo que lo que invierte el Ministerio de Salud y eso no quiere decir que el IGSS sea una maravilla. El IGSS sigue manteniendo un sistema obsoleto y es cierto, en el cual las clases activas pagan por las clases pasivas. No nos queda otra, los salarios de los guatemaltecos no permiten como en otros países que cada afiliado capitalice su propia cuenta formada con el aporte del Estado y parte del salario. Además de los 5 millones de Población Económicamente Activa solamente un 1 millón están cubiertos por el IGSS.
El gasto total de salud el año 2005 en Guatemala fue 10.5 millardos, de éstos el 55% es pagado por los particulares, un 38% por el sector público, 5% sector privado y 2% en el exterior.
Hace cuatro años se habló y se esperó mucho de quienes asumieron la responsabilidad de salud, el resultado a la vista es negativo en lo que concierne al Ministerio, quizá lo único positivo que puede verse de la gestión actual es haber sacado del desván el tema de la desnutrición en donde por comodidad y por tratarse de un tema tan peliagudo lo habían mantenido durante siglos. Avergí¼enza saber que 1 de cada 2 niños menores de cinco años padece desnutrición crónica, que ésta afecta en forma aguda al 26% de niños entre 1 y 5 años y al 36% de mujeres en edad fértil.
A propósito del título de esta columna Por qué y por quién votaré el 4 de noviembre, es cosa sabida, lo he venido diciendo de tiempo atrás, votaré por ílvaro Colom y Rafael Espada porque en su corazón creo que sienten una obligación patriótica con Guatemala y particularmente con la pobreza y sus consecuencias.
El tema de seguridad es importante pero hay que ir a sus orígenes, la pobreza y los desajustes sociales de donde surgen el crimen y la delincuencia que habría que combatir como proponen Colom y Espada: con energía pero usando la cabeza.