«¿Por qué Más Mujeres?»


«Ignorar necesidades es reproducir discriminación.»

De que hay machismo en la polí­tica, sin duda que lo hay. De que hay racismo en la polí­tica, sin duda que lo hay. Es un hecho: no hemos sido capaces de entender que tanto la paridad como la equidad son fundamentales para construir una democracia viable, posible, nuestra.

Anabella Giracca

Hay una especie de mariposa que nace a las ocho de la mañana y muere a las once. En tan sólo tres horas crece, se reproduce y muere, ¿cómo hablarle de la palabra noche? Aprovechando esa lógica, formulamos la pregunta de cajón: ¿Quiénes fundaron nuestro Estado? Pues la primera Constitución fue hecha por hombres, criollos y metropolitanos, ¿cómo haberles hablado de la palabra representatividad? Si formaron un Estado a su medida y para sus intereses; con su propio diccionario, en donde la palabra paridad no existí­a. Claro está, ni las mujeres, ni los indí­genas tocaban vela en ese entierro. ¿Quiénes fraguaron la independencia? Pues el movimiento fue liderado por hombres, criollos y metropolitanos, ¿cómo iban a entender las palabras representatividad e inclusión? Imposible, porque firmaron un acta de independencia a su medida, en donde pueblos indí­genas y mujeres no tuvieron participación, es más, los criollos firmaron la independencia antes de que indí­genas se sublevaran y tuvieran siquiera chance de exigir su propia liberación y reivindicación. Desde entonces, los únicos que se independizaron fueron los mismos, los accionistas mayoritarios del paí­s.

Siglos después, nos encontramos ante el mismo modelo: el de la presunción obsesiva de que la polí­tica está hecha para justificar su modelo de vida, el que nos ha llevado a la hecatombe. Lo que vivimos es el resultado directo de la polí­tica que continúa fortaleciendo una exclusión avasalladora. Un gabinete sin mujeres ni indí­genas al mando, es un gabinete incompleto e incapaz de ver la globalidad de las necesidades nacionales ¡Qué tragedia!

Debemos construir sujetos de derecho capaces de desarticular las bases socioculturales de la discriminación y el machismo. Y eso se logra con una ciudadaní­a dispuesta a comprender la paridad. Capaz de promover identidades libremente elegidas, no confrontadas. Preparada para edificar nuevos referentes para la interacción social. Una ciudadaní­a preparada para la convivencia social sobre nuevas bases. Alentadora de la empatí­a y con la suficiente capacidad para ver que la participación polí­tica de mujeres e indí­genas es una verdadera emergencia.

No hay razón para reinventar una y otra vez los dispositivos básicos que activan el racismo y el machismo en la polí­tica: el etnocentrismo, el individualismo, el paternalismo o los estereotipos. Hay razón inmediata de combatirlos, porque la polí­tica con más mujeres y más indí­genas, será una polí­tica capaz de comprender necesidades que hasta ahora están abandonadas a su propia desgracia. Qué bello es el discurso de la inclusión; qué maravillosos comunicados publicitarios, cuando las palabras no se incorporan, ¡no logran volverse piel! Pues hagámoslas piel, incorporémoslas en nuestro imaginario, participando y apoyando a quienes por derecho ya es hora de que estén ahí­ con más fuerza. masmujeresmejorpolitica@gmail.com