«Ignorar necesidades es reproducir discriminación.»
De que hay machismo en la política, sin duda que lo hay. De que hay racismo en la política, sin duda que lo hay. Es un hecho: no hemos sido capaces de entender que tanto la paridad como la equidad son fundamentales para construir una democracia viable, posible, nuestra.
Hay una especie de mariposa que nace a las ocho de la mañana y muere a las once. En tan sólo tres horas crece, se reproduce y muere, ¿cómo hablarle de la palabra noche? Aprovechando esa lógica, formulamos la pregunta de cajón: ¿Quiénes fundaron nuestro Estado? Pues la primera Constitución fue hecha por hombres, criollos y metropolitanos, ¿cómo haberles hablado de la palabra representatividad? Si formaron un Estado a su medida y para sus intereses; con su propio diccionario, en donde la palabra paridad no existía. Claro está, ni las mujeres, ni los indígenas tocaban vela en ese entierro. ¿Quiénes fraguaron la independencia? Pues el movimiento fue liderado por hombres, criollos y metropolitanos, ¿cómo iban a entender las palabras representatividad e inclusión? Imposible, porque firmaron un acta de independencia a su medida, en donde pueblos indígenas y mujeres no tuvieron participación, es más, los criollos firmaron la independencia antes de que indígenas se sublevaran y tuvieran siquiera chance de exigir su propia liberación y reivindicación. Desde entonces, los únicos que se independizaron fueron los mismos, los accionistas mayoritarios del país.
Siglos después, nos encontramos ante el mismo modelo: el de la presunción obsesiva de que la política está hecha para justificar su modelo de vida, el que nos ha llevado a la hecatombe. Lo que vivimos es el resultado directo de la política que continúa fortaleciendo una exclusión avasalladora. Un gabinete sin mujeres ni indígenas al mando, es un gabinete incompleto e incapaz de ver la globalidad de las necesidades nacionales ¡Qué tragedia!
Debemos construir sujetos de derecho capaces de desarticular las bases socioculturales de la discriminación y el machismo. Y eso se logra con una ciudadanía dispuesta a comprender la paridad. Capaz de promover identidades libremente elegidas, no confrontadas. Preparada para edificar nuevos referentes para la interacción social. Una ciudadanía preparada para la convivencia social sobre nuevas bases. Alentadora de la empatía y con la suficiente capacidad para ver que la participación política de mujeres e indígenas es una verdadera emergencia.
No hay razón para reinventar una y otra vez los dispositivos básicos que activan el racismo y el machismo en la política: el etnocentrismo, el individualismo, el paternalismo o los estereotipos. Hay razón inmediata de combatirlos, porque la política con más mujeres y más indígenas, será una política capaz de comprender necesidades que hasta ahora están abandonadas a su propia desgracia. Qué bello es el discurso de la inclusión; qué maravillosos comunicados publicitarios, cuando las palabras no se incorporan, ¡no logran volverse piel! Pues hagámoslas piel, incorporémoslas en nuestro imaginario, participando y apoyando a quienes por derecho ya es hora de que estén ahí con más fuerza. masmujeresmejorpolitica@gmail.com