¿Por qué delinquen las mujeres? II de II


En el grupo de delitos que más cometen están: los actos ilí­citos contra la sociedad (traficante de drogas, la que roba, la que comete fraude, la peleonera); contra la familia (la infanticida y la que roba niños); contra el hombre (la autoviuda o sea la homicida) y las acciones que provocan o son resultado del hostigamiento contra la mujer (la prostituta, la suicida y la mujer ante el aborto provocado).

Fernando Mollinedo
fermo@intelnet.net.gt

Se ha venido repitiendo que no participan en cualquier tipo de delito; que su intervención se limita a aquellos hechos ilí­citos que no implican violencia fí­sica, y en los que pueda utilizar su capacidad de seducción, sus actitudes maternales o lo aparentemente inofensiva que pueda presentarse en ciertas situaciones.

La conducta antisocial y delictiva de las mujeres delincuentes está guiada por una mezcla de sentimientos: los de injusticia familiar y social, los deseos de autoafirmación ante el hombre, los de reto a la autoridad y los de autoagresión. En otros casos será su timidez, su agresión reprimida, su aislamiento y el temor al abandono, lo que origina que obedezcan y se subordinen a un hombre o a una mujer para robar, involucrarse en el tráfico de drogas, cometer fraudes u otros delitos. La desesperación por la pobreza, el abandono o el trato agresivo de que son objeto, son factores comunes que propician los actos delictivos de una mujer.

Valdrí­a la pena investigar en Guatemala si en comparación con los hombres, el escaso número de mujeres recluidas no se debe sólo a la menor frecuencia con que la mujer se ve involucrada en actos delictivos, sino también a que las autoridades que sancionan esos hechos delictivos en su mayorí­a son del sexo masculino, y tienden a ser condescendientes y tolerantes con los hechos ilí­citos cometidos por una mujer. Así­ mismo, si las autoridades tienen mayor optimismo por la rehabilitación de la mujer que por la del hombre, como si dudaran de la eficacia de sus propias sentencias, y manifiestan una especie de convicción en el sentido de que el hombre no dejará de delinquir.

La forma en que el entorno social estructura la personalidad de la mujer y la manera habitual en que es inducida al delito, enfatizan la influencia de experiencias infantiles y adolescentes para explicar su comportamiento de adulta: y se concluye que las teorí­as examinadas no explican, de forma holista, el incremento de la criminalidad femenina.

No hay explicación de los mecanismos que las llevan a cometer conductas penalizadas. Se requiere una reflexión teórica que permita comprender la conducta ilí­cita de las mujeres, como violencia, inequidad, controles (formales e informales) y relaciones de poder en las que se ven envueltas. En sí­ntesis, es necesario un enfoque multidisciplinario para abordar la complejidad del fenómeno analizado y para avanzar en el logro de la igualdad jurí­dica para hombres y mujeres.