Aunque extemporáneamente, no puedo dejar de abordar un suceso trivial ocurrido la mañana o el mediodía del pasado martes 15, según lo dieron a conocer los diarios impresos de esa fecha, que me atrajo la atención, provocándome pensamientos y sentimientos angustiosos.
Sucede que ese día observé una fotografía de primera plana que captó a un grupo de músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional vestidos informalmente y con sus instrumentos en mano en plena tarea, algunos tocando al oído y otros auxiliados por partituras colocadas sobre atriles.
Un supuesto ensayo sinfónico no tendría nada de extraordinario, pero lo extravagante, para calificarlo de alguna manera, es que los músicos interpretaban piezas de consagrados maestros de música seria o clásica en plena vía pública; para ser preciso, en la 9a. avenida de la zona 1, justo frente al edificio del Congreso de la República.
Inicialmente pensé que los músicos de la OSN estaban festejando a los ilustres legisladores, aunque algunos de ellos están más familiarizados con rancheras de José Alfredo Jiménez que con sinfonías de Mozart o de Schubert. Pero al leer la información me enteré que los integrantes de la Orquesta no deseaban culturizar musicalmente a los congresistas, porque es una labor sumamente difícil e imposible en algunos casos, sino que era la manera que utilizaron para solicitar a las augustos parlamentarios, entre otros planteamientos, que incrementen el presupuesto asignado a la OSN que este año los cultos diputados fijaron en la exorbitante cantidad de Q238 mil –sin incluir los desorbitados sueldos de los músicos-, destinados a financiar conciertos y giras departamentales.
A finales del siglo pasado, hace doce años, la OSN contaba con Q1.5 millones para tales fines; pero con lo que se les presupuestó el presente año apenas podrán ofrecer un concierto en Villa Nueva, sin bien les va, o en Mixco, que está un poquito más cerca de la capital, y hasta les alcanzaría para comprar unas cuantas libras de chicharrones, siempre haciendo ajustes y cooperachas.
El año pasado el Congreso fue generoso al asignar a la Orquesta Q400 mil, cantidad que para los melómanos padres de la patria les pareció excesiva, tomando en consideración que existen otras necesidades más apremiantes que se deben satisfacer, como la compra de muebles y cuadros de pésimas reproducciones para decorar los despachos de algunos/as diputados/as de dudoso criterio artístico, o para financiar a la invicta selección de futbol y sus rotundos y consecutivos triunfos en los certámenes regionales e internacionales en los que participa con enjundia.
Para fortuna de los 50 músicos de la Sinfónica que se plantaron frente al Palacio Legislativo con chelos, violines, violas, contrabajos y otros filosos instrumentos, eruditos congresistas no los confundieron con armas contundentes -aunque se sospecha que no faltó un instruido parlamentario que pensó que el clarinete que portaba uno de los agresivos manifestantes era una especie de artefacto terrorista sutilmente disimulado-, por lo que no llamaron agobiados al pelotón antimotines para dispersar a cachimbazos a los soliviantadores del sistema democrático representativo, y ante tan impetuoso acontecimiento tampoco el Congreso declaró estado de Calamidad en ese sector del Centro Histórico, para evitar actos vandálicos de los violentos músicos.
(El reportero Romualdo Tishudo pregunta a un diputado del PP: -¿Qué es un movimiento allegro? El legislador replica: -Lo que cantan los músicos cuando están muy contentos).