Los lamentables hechos que recientemente se han producido en la República de Honduras evidencian, al leer las columnas de opinión y muchos de los editoriales de la prensa escrita, cómo nuestro país continúa polarizado.
jfrlguate@yahoo.com
Un significativo número de articulistas busca la forma de justificar y de defender el rompimiento de la democracia y del estado de Derecho en Honduras. Igualmente, medios de comunicación internacional evidencien, en la forma de entrevistar, de reportear la noticia, que sus valores y su objetividad se ve trastocada al tratar de inclinar la balanza para explicar y hasta justificar el rompimiento del orden democrático.
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No puede negarse que ha habido actitudes improcedentes de parte del presidente Hugo Chávez, que debería comprender que la época de las intervenciones militares o de hecho es algo del pasado y que sus expresiones son aprovechadas y utilizadas por quienes se oponen al desarrollo social, su actuación es tan censurable como lo es tratar de degradar la actitud de la Asamblea General de Naciones Unidas o de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos y de sus representantes.
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El argumentar que OEA no ha sido todo lo eficiente que debería siempre ser, no es un argumento válido porque si bien hace 40 años OEA estaba menos desarrollada, más influenciada y subordinada a los Estados Unidos, poco a poco, de forma continuada, ha ido logrando -con hechos- ser un organismo internacional que ayuda y defiende la democracia. Prueba de ello es su actuar en las elecciones en la mayoría de países en América Latina, sus llamadas de atención al gobierno de Fujimori, en Perú.
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Decir que el actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza es una persona que no merece respeto, es una muestra de ignorancia, de falta de calidad individual de quien lo censura que con tal de quedar bien con sus patrocinadores no le importa mentir, ni agredir a quien está cumpliendo con defender la democracia.
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La violación a la democracia de Honduras no debe defenderse o degradarse porque el presidente José Manuel Zelaya Rosales sea o no de nuestro agrado. Los ciudadanos, los profesionales, los juristas, los académicos que desean un mejor presente y un mejor futuro para sus hijos, nietos y demás descendientes, no pueden mirar hacia el pasado y añorar gobiernos de factos o gobiernos aparentemente legalmente electos que servían a las cúpulas sin comprender que esa equivocada decisión fomentaba la pobreza, la desnutrición, la inseguridad política, social y económica.
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Chile es un país que ha progresado comparativamente más que el resto de América Latina pero al hacerlo ha creado la mayor clase media de toda América; independientemente de que sus presidentes hayan sido democratacristianos, socialistas o puedan ser de la derecha en el corto futuro, es un país donde la democracia y el Estado de Derecho se respeta.
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Qué envidia, de forma sana, debería de darnos a todos los centroamericanos, incluyendo a Costa Rica, el ver y comprobar las condiciones políticas, económicas y sociales que existen en Chile. Estoy seguro que si el señor Lavín y el señor Piñera, que fueron candidatos a la presidencia de la República por parte de los partidos de derecha, vinieran a Centroamérica y nos propusieran implementar sus programas de gobierno, el pago de impuestos que existe en ese país, la cúpula económica y sus achichincles les dirían «comunistas».
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Un gobierno democrático es el que fomenta la igualdad, la ecuanimidad y la justicia, no el que defiende o crea privilegios. La democracia se construye, no se destruye.