Benjamín Franklin, el célebre político, científico e inventor estadounidense dijo: “Es muy difícil hacer que un saco vacío se pare derecho” y tiene más sentido cuando comprobamos que tanta gente en el poder ignora o esquiva llevar a la práctica buenas políticas públicas. Por ejemplo, ¿por qué seguir perdiendo tanta agua potable por mantener las cañerías debajo de la ciudad capital hechas pedazos? Simplemente porque a ningún político le interesa entrarle a su compostura, debido a que esa obra pública no está a la vista de todos y por consiguiente no les es útil para seguir saturando los medios de comunicación con las tradicionales fotos y videos de primeras piedras, banderazos, piochazos o cortes de cintas simbólicas.
Pero entiendo bien que cambiar esa errónea manera de pensar en nuestros políticos es como tratar de parar derecho un saco vacío. Lo acabo de comprobar al enterarme de los resultados del Estudio Mundial de la Agricultura y la Alimentación 2013 que elaboró la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO) en el que se llegó a la conclusión que en Guatemala a pesar de seguir teniendo una de las tasas más altas de desnutrición de América Latina, nos mantenemos dentro de los países que más cantidad de alimentos se pierden dentro del promedio mundial, al dañarse miles de productos alimenticios desde que se cosechan, pasando por los intermediarios, hasta llegar a manos del consumidor.
¿Increíble verdad? Más todavía, cuando se trata de un país en donde todavía hay gente que literalmente se muere de hambre. Parafraseando la expresión de “si yo fuera presidente” que empleaba un periodista durante la época de los gobiernos de la Revolución del 44, le recomendaría a los ministros de Estado que en beneficio del país pidiera de inmediato a la FAO una copia de dicho estudio para exigirle a tanto político que anda llenándose la boca, aquí y en el extranjero, de lo poquísimo que se hace con el programa “HAMBRE CERO” y se pusiera las pilas para reducir mucho más el pingüe 10 por ciento de la desnutrición crónica que afecta a casi la mitad de niños menores de 5 años.
Da vergüenza que en Guatemala sigamos perdiendo por el mal manejo de alimentos desde la cosecha hasta ponerlos en los anaqueles, hasta el 50 por ciento de la comida que se podría usar para reducir drásticamente la desnutrición. Con esto más, las autoridades podrían seguir recibiendo el apoyo de la iniciativa privada, puesto que ya lo está haciendo para contribuir a tan loable labor. Efectivamente, me estoy enterando de la creación de un Banco de Alimentos con el aporte de productos en buenas condiciones sanitarias y de calidad, pero que por diversas razones no se pueden comercializar. Hablando en plata, yo creo que llegó la hora para que nuestros políticos dejen de lado la indolencia.