Por Guatemala y los guatemaltecos


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Nuestro país como el resto del mundo atraviesa por momentos críticos a todo nivel, pero en el aspecto social estamos peor.

Pues nuestras conductas actuales no son para nada las mejores. Uno de los problemas que veo por lo que esto ocurre es la excesiva tolerancia en la que estamos viviendo.

Edith González


Hemos entrado en un círculo en el que consideramos que si decimos no a algo podríamos estar violando los derechos humanos. Lo que es un error, pues las sociedades, como las personas individuales tienen “derecho” a protegerse, el que es innato e instintivo, conocido y reconocido antes que los mal entendidos “derechos humanos”.

Y junto a esa permisividad y no actuar de la autoridad para proteger al conglomerado social y a la persona se encuentra la falta de decisiones en aspectos de educación, tanto pública como privada, y la falta de formar y exigir responsabilidad sobre las acciones cometidas u omitidas. Aunado a esto encontramos el juego político de “ayudar” para conseguir simpatías y votos que buscan perpetuar en el poder a quienes lo que menos les interesa es el buen gobierno del pueblo guatemalteco: Conducir al ciudadano por el rumbo correcto de la moral, el trabajo y la superación personal, espiritual, económica, intelectual, social, política…

Lejos de ello encontramos complacencia y tolerancia para con las acciones incorrectas para cubrir con ello la falta del ejercicio del buen gobierno.

¿Qué de qué habló? De no responsabilizar a los padres/tutores de las acciones de sus hijos menores de edad, de no exigir la formación de ciudadanos honestos, de permitirse medir a todos con distintas varas y de no ejercer autoridad, de dar un paso adelante y tres atrás, de considerar que si no puedo combatir a los asaltantes en moto, voy a marcar a los honrados y si no puedo combatir el crimen por la droga voy a permitir su uso. O dedicarse a elaborar leyes que ni se cumplen ni son efectivas ni conducen a mejorar nada. O de simplemente destituir a los corruptos, y hasta trasladarlos a otros cargos.

Es preciso tomar verdaderas decisiones para cambiar el rumbo de picada en deterioro que llevamos, pero esto debe hacerse con conciencia, investigando no solo para ser protagonista sino para ser correcto y el mejor.

Por ejemplo sabrán nuestras autoridades los resultados del uso de la marihuana: “una de las más amplias investigaciones, dirigida por la profesora Madeline Meier de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos siguió durante más de 20 años a un grupo de mil jóvenes en Nueva Zelanda. Y descubrió que los que habían comenzado a usar marihuana antes de 18 años –cuando su cerebro está desarrollándose– mostraban una reducción «significativa» en su coeficiente intelectual. Encontraron que los que habían usado persistentemente marihuana mostraban un «amplio deterioro» en funcionamiento cognitivo, atención y memoria con daño irreversible y al dejar de usarla o reducir su uso no lograron restaurar completamente su pérdida de CI. «Hay informes anecdóticos de que los usuarios de marihuana tienden a ser menos exitosos en sus logros educativos, matrimonios y ocupaciones».