Los hechos violentos ocurridos la semana pasada en Guatemala vinieron a demostrar una vez más que no estábamos equivocados cuando dijimos que de seguir manipulando la información y mantener las mismas deficiencias del pasado era seguir por mal camino. No solo con promesas como la de enviar más agentes policíacos a las poblaciones del interior se van a evitar los hechos delictivos.
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Es muy fácil decir que la gente “no debe tomarse la justicia por propia mano” cuando no se padece la angustia, el temor o el pánico de perder la vida cuando uno menos se lo espera de manos de un bolo, drogadicto o malhechor e insisto en decir que para resolver los problemas de inseguridad no es cuestión de atacar las consecuencias sino ir directo a las causas que los provocan.
Coincido con el licenciado Jorge de León Duque, recién electo Procurador de los Derechos Humanos, cuando dijo que hay que trabajar en la prevención en todo sentido de la palabra, pues tiene que ver con la familia y la educación, pero sobre todo con las carencias de la misma. También estoy de acuerdo cuando dice que estamos acostumbrados a reaccionar cuando ocurre una de tantas tragedias, pero que mientras no se atienda lo que debe prevenirse no vamos a llegar a ninguna parte. Porque lo primero que aparecen al lugar de los hechos después de una desgracia son las radiopatrullas de la PNC, pero ¿para qué?, ¿para perder el tiempo mientras a la vuelta de la esquina se cometen otros hechos delictivos?
Estoy de acuerdo cuando dice el licenciado De León que jamás se puede justificar un linchamiento, sin embargo, hay que tener presente que la población está desesperada, cansada, sin confianza en las autoridades policíacas, mucho menos en las de justicia. Y es que la ciudadanía se ha ido volviendo cómplice de tanto malo que nos ocurre, por ejemplo, permitimos que los choferes de autobuses corran a toda velocidad mientras el vehículo da muestras de tener problemas de funcionamiento como de estar en condiciones peligrosas, pero nos contentamos con decir “que la necesidad tiene cara de chucho” ante la necesidad de llegar puntual al trabajo.
En cuanto a políticas públicas hemos llegado a una descoordinación espantosa, porque no es aconsejable buscar un mismo objetivo duplicando esfuerzos y dinero. De ahí que la iniciativa del Procurador de los Derechos Humanos de contar con más empleos, seguridad y salud no debe ser vista como discordante u opositora, sino como momento propicio para unir esfuerzos para conseguir los mismos fines de ponerle coto a la impunidad, atajar mucho antes que ocurran los hechos delictivos y así salir todos beneficiados. Claro, al hoy delincuente hay que contenerlo con dureza e inteligencia pero, a la vez, debe evitarse que tantos imitadores le sigan los pasos llevando la misma ruta. ¿Quién con una luz se pierde?