Por favor, no más expresiones estereotipadas


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La frase expresada por la vicepresidenta, licenciada Roxana Baldetti le dio la vuelta al país en menos de un minuto. Eso que “la corrupción tiene mil cabezas” a unos les cayó en gracia, a otros les pareció mala, como desacertada y a mí, sinceramente me dio mucho en qué pensar, puesto que si la corrupción viene haciendo pedazos al país desde hace ya bastantes años ¿Qué les impide a las autoridades cortarlas de tajo aunque fueran mil o cinco mil?

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Si nuestros políticos tuvieran un ápice de inteligencia, pena, consideración y buena voluntad hacia la población, hace rato que lo hubieran hecho a todo nivel, en cada uno de los actos corruptivos que a diario se cometen, fuera otorgando ilegalmente concesiones de nuestro territorio o cometiendo raterismo en cualquier dependencia pública.
   
El caso reciente en el que un gerente administrativo-financiero de un hospital le pidió a un proveedor comisión para que el cheque que cancelaba una compra realizada fuera emitido más pronto, es una muestra que la intención de “ir cortando las cabezas de la corrupción” está muy lejos de ser realidad, porque el mismo día en que un matutino reveló la asquerosa pretensión debió haberse hecho la investigación y después de haberla comprobado dejar caer todo el peso de la ley. Pero ocurrió lo contrario, hasta trabajadores del área de compras del hospital, los mismos que habían puesto la denuncia estaban siendo trasladados a otras dependencias.
   
¿Eso es cumplir con la promesa de “mano dura” contra la corrupción y ponerle fin a la impunidad? No cabe duda que nuestras autoridades no hay modo que tomen plena conciencia que no es lo mismo tomar un micrófono en un foro político para ofrecer el oro y el moro con tal de satisfacer intereses personales, que un funcionario en ejercicio pleno del poder, habiendo hasta estructurado una oficina específica para cumplir la palabra empeñada, siga dejando al pueblo con las mandíbulas destempladas por la frustración y desencanto que genera hacer todo lo contrario.
   
Todo ello, tarde o temprano, va a traer sus consecuencias y cada vez serán más serias. Por favor señora o señor funcionario, diputados, directivos, directores, magistrados y servidores públicos de cualquier nivel jerárquico al servicio del Estado, comprendan que todo eso, sumado a tantos errores y deficiencias tiene al pueblo como los once mil jicaques, pues nos tienen hartos de tantas expresiones estereotipadas sin  demostrar su verdadero interés para acabar la triste situación en que se encuentra la administración pública y judicial. Para cualquiera, ocho meses han sido más que suficientes para poner manos a la obra y acabar con la corrupción, pase lo que pase y le pese a quien le pese o ¿Están empeñados en que a la población se le agote la paciencia y termine por  acabar con la escuálida posición en que se encuentra nuestro Estado de Derecho?