Por falta de pruebas


La captura de Miguel íngel Garcí­a, alias el Duende, fue anunciada por las autoridades como una muestra de la celeridad para esclarecer un espantoso crimen perpetrado en contra de siete personas en el fin de semana. Con extraordinaria diligencia, elementos de la PNC capturaron al pandillero y el mismo Presidente de la República informó del hecho a la población para demostrar que hay una nueva actitud de las fuerzas del orden y que delitos como ese no quedarí­an impunes.

EDITORIAL

Pero antes de lo que canta un gallo, literalmente hablando, el acusado quedó libre por falta de pruebas en su contra y está ya en la calle porque el órgano jurisdiccional ejecutó de inmediato la liberación del detenido. El caso constituye una muestra más de cuán difí­cil es la tarea de proporcionar seguridad a la ciudadaní­a cuando no tenemos instrumentos idóneos de investigación. Según versiones, el juzgado que conoció el proceso informó que fue la misma Fiscal del Ministerio Público encargada de formular la acusación quien pidió la libertad del detenido por carecer de elementos probatorios.

La Policí­a Nacional Civil, cuando informó de la captura, dijo que testigos habí­an señalado al marero conocido como el Duende de ser el responsable de la masacre. En otras palabras, hubo declaraciones testimoniales que, de haber sido obtenidas por la fiscalí­a, hubieran permitido mantener en prisión al pandillero para avanzar en la investigación, pero la fiscalí­a en este caso hizo lo que hace muy corrientemente, es decir, archivar el caso de entrada sin tomarse siquiera la molestia de indagar en absoluto, no obstante el alto impacto del crimen y que el mismo Presidente de la República habí­a anunciado la eficaz acción de la Policí­a Nacional Civil.

Quizás este caso nos pueda servir para empezar a sacudir algunas estructuras que están para el tigre. Porque es obvio que dejaron en entredicho al Presidente y debiera ahora el ingeniero Colom hablar con el mismo Fiscal General para pedir explicaciones y averiguar cómo es posible que sin mayores consideraciones, una fiscalí­a disponga pedir la libertad de un procesado porque no movió un dedo para hacer la menor investigación. El trabajo que hizo la Policí­a quedó totalmente desvirtuado y es natural que pensemos que hasta los más profesionales y eficientes de los miembros de la PNC se tienen que sentir literalmente frustrados cuando ven que sus esfuerzos terminan en la incapacidad manifiesta del Ministerio Público.

El caso es una nueva vergí¼enza para el sistema de la seguridad ciudadana en el paí­s, porque evidencia que de nada sirve que se acelere el trabajo policial de investigación si seguimos teniendo un Ministerio Público que de entrada prefiere renunciar al cumplimiento de su deber y lo hace sin empacho, sin sufrir ningún rubor a pesar de la magnitud del crimen que se niegan a investigar.