Por el que lloraban


DESDE LA REDACCIí“N

Este es tan solo uno más de los tantos comentarios que invadieron la noticia de la venida de Alfonso Portillo al paí­s. Solamente la edición electrónica de este vespertino recolectó un poco menos de cien reacciones de nuestros lectores, hubiesen sido más, sin embargo, se evitó la publicación de algunos comentarios que se salí­an del tono serio con el que se caracteriza este medio de comunicación.


No era para menos tanto movimiento, pues el retorno de Portillo ya es considerado como la noticia de la semana, o del mes, y casi codeándose con el escándalo millonario del Congreso de la República, podrí­a ser la noticia del año, por todas las implicaciones polí­ticas y sociales que contrae.

Los lectores, como una muestra confiable de la opinión pública general, estaban divididos entre los que celebraban ver nuevamente en la trinchera nacional a quien gobernó el paí­s del 2000 al 2004 y los que mostraban su rechazo total por enterarse que con una fianza de un millón de quetzales no ocupó un espacio en el Preventivo de la zona 18.

Cabe recordar que Portillo siempre fue así­. Dirigió un gobierno que si bien se desnudaron casos escandalosos de corrupción, hubo un respaldo de un sector de la población que se vio beneficiada en polí­ticas públicas que pretendí­an mantener los precios de los productos vitales de los guatemaltecos, tales como el pollo y el azúcar.

Tampoco escapa del imaginario social el hecho que hayan resurgido, con el papel de ví­ctimas, los antiguos Patrulleros de Autodefensa Civil. Sorprendió que en sus últimos dí­as de gestión se les haya ofrecido una indemnización por sus servicios prestados en tiempos del conflicto armado. De inmediato se interpretó como una herencia para el gobierno que le seguirí­a, el comandado por í“scar Berger.

El nombre de Portillo está flotando en los corrillos partidarios. Sus allegados quieren incluirlo entre sus partidos apadrinados con los cuales podrán de alguna manera mover las piezas del ajedrez polí­tico de Guatemala. Y, aunque hay todaví­a quienes sienten empatí­a con el ex gobernante sus malas decisiones reflejadas en las acusaciones formales que debe dirimir en los tribunales del paí­s serán una piedra en el zapato con la que deberá sobrellevar si se quiere ver nuevamente en el escenario de Gobierno.

No serí­a extraño verlo, por ejemplo, detrás de algún proyecto como ideólogo o armador de cuadros, sobre todo cuando existe una debilidad partidaria actual. Pero la gente no olvida tan fácil, más aún cuando pesa sobre sus alas diversas crí­ticas de corrupción. Ya lo veremos.-

Por la Redacción

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