Por el modo de andar se conoce al burro


¿Quién puede dar mejor fe de nosotros que quienes nos son cercanos en el trato, testigos de nuestras consecuencias o inconsecuencias, en esto pensaba cuando rememorando charlas pasadas caí­ en cuenta del desaliento que la mayorí­a de personas padecen al momento de referirse a las polí­ticas laborales que les toca estar sujetos.

Elmer Telon
etelon@lahora.com.gt

Con sus honrosas excepciones, que no está demás decir que han sido pocas, existe la percepción de la gente de estar siendo abusada con los salarios menores a los que los precios del costo de la vida ameritan.

No es un secreto que el nivel de inflación ha ido escalando en una espiral que responde, según la versión oficial cerca del 6%, no obstante, muchos de los precios que integran la canasta básica han estado experimentando complejos de pájaro, volar alto y lejano ha sido la norma de los últimos meses.

Desde que era un ishto recuerdo que el estigma de la haraganearí­a ha sido un referente para hacer mención del guatemalteco, sin embargo, creo que es indudable que cada uno de nosotros hemos tenido ocasión de conocer personas paridas por esta patria que se revientan el lomo realizando trabajos admirables, aun en condiciones precarias.

Dicen que por el modo de andar se conoce al burro, no obstante como las apariencias tienen vocación de engañosas, creo que se conoce mejor a la gente a través del testimonio de quienes suele atestiguar el modo de cargar el rifle en la lucha y de compartir su comida extra.

Y es que para hacerse una idea de cómo un paí­s y un negocio avanzan no únicamente ojearse los informes de utilidades y estadí­sticas macroeconómicas, sino harta falta hace conocer las condiciones y prestaciones de las que goza los ciudadanos que cada dí­a asiste a la trinchera que se le asigna, en nombre de una marca producto o servicio.

Lo anterior me recuerda que «la naturaleza de los ejércitos está determinada por la naturaleza de la civilización en que existe», apuntó hace algún tiempo Liddell Hart, la fidelidad no nace de la nada, se crea con la sabidurí­a y bondad, no en vano en este punto es imprescindible una frase Tzu Zu que reza: «Cuida a tus soldados como si fueran niños así­ estarán dispuestos a seguirte a los valles más profundos».

Debo aclarar que la gente que me hizo pensar en este tema no está esperando que nadie les regale nada, ya que para eso son hombres y mujeres de aptitudes que a diario se suman a la gran maquinaria laboral su edad buscándose la vida a pesar de cualquier condición.

Creo que en nuestra sociedad no se entiende o se desestima la importancia de la imagen que un empleado guarda de su patrono y de lo que esto puede influir en su desempeño, nadie está dispuesto a trasquilarse por alguien que ha evidenciado indiferencia por la condición humana que nos corresponde a cada uno.

Sólo un hijo de mala madre hace oí­dos sordos a requerimientos tan humanamente justificados, este es un buen momento para analizar el tema, ya que el año entrante se prevé incrementos mayores al costo de la vida y en la actualidad se discute una polí­tica de incremento salarial, sin una distribución justa se condena a la población a padecer escasez.