«El bloqueo es un pulpo con tentáculos extraterritoriales violando el derecho internacional.»
Frei Betto
El próximo 29 de octubre, y como lo hace desde 1992, Cuba presentará ante la Asamblea General de las Naciones Unidas un proyecto para poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos ha impuesto a la isla prácticamente desde el triunfo de la Revolución, el 1 de enero de 1959.
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La primera vez que se presentó la propuesta, Cuba contó con el apoyo de 59 votos; desde entonces más países han cerrado filas en contra de la medida arbitraria de Washington, cuyo objetivo principal es ahogar a la población cubana para que renuncie a su lucha, de casi cincuenta años, por la construcción de la Revolución.
El año pasado, en la Asamblea General de la ONU, 184 países se unieron a la solicitud de la isla y únicamente Estados Unidos, Israel, Islas Marshall y Palau votaron en contra. Sin embargo, como las resoluciones de esta instancia no son vinculantes, los representantes oficiales de las barras y estrellas ignoraron nuevamente la disposición de la mayoría de los países del planeta y el bloqueo avanza, endurecido durante los últimos años bajo la dirección del presidente George W. Bush.
De acuerdo con estimaciones oficiales del Gobierno de Cuba, el bloqueo ha generado un costo para la isla de 93 mil millones de dólares, monto que representa 1.6 veces su Producto Interno y alrededor de 12 veces su deuda externa en 2006; salud y alimentación son los sectores más vulnerables.
Pero, ¿puede pedirse ética al Gobierno de un país que históricamente se ha entrometido en los asuntos de los países latinoamericanos que han intentado implementar políticas económicas y sociales a favor del desarrollo integral de la población? Basta repasar la historia de Guatemala, Chile, Nicaragua y Panamá, por ejemplo, para darnos cuenta que en muchas ocasiones la política exterior de Estados Unidos no ha sido enfocada precisamente a estrechar lazos de hermandad y cooperación con Latinoamérica.
Las disposiciones del bloqueo son absurdas: prohibición a que empresas de otros países exporten a Estados Unidos productos de origen cubano o que en su elaboración contengan algún componente de ese origen; prohibición a que entren a puertos estadounidenses buques que transporten productos desde o hacia Cuba; penalización a empresarios que inviertan en la isla… Quien más resulta afectado es, sin duda, el pueblo cubano.
Cada día, sumado a todos los aspectos en donde todavía debe fortalecerse la Revolución, la población cubana se enfrenta a la carestía de productos y servicios, inaccesibles por los altos precios que adquieren como consecuencia del bloqueo de Estados Unidos. El próximo domingo 29, la mayor parte de países votará nuevamente en contra de esta medida injusta. ¿Se harán de oídos sordos los representantes del pueblo estadounidense?