Por defender al honrado


Ayer fue un dí­a trágico para las fuerzas de seguridad, puesto que tres agentes de la Policí­a Nacional Civil fueron muertos cuando se enfrentaron con los ladrones que habí­an robado un camión cisterna, y un agente de la Policí­a Municipal de la ciudad de Guatemala perdió la vida cuando trató de impedir que asaltantes de los que se conducen en motocicletas perpetraran un atraco. Cuatro ciudadanos guatemaltecos muertos en el cumplimiento de un deber que no es común entre nuestras fuerzas del orden porque está visto que no todos los agentes están identificados con la misión de proteger a la ciudadaní­a, lo que hace más importante y destacada esta tragedia.


Cuatro hogares en Guatemala que han de sufrir en la Navidad la ausencia del jefe de familia, del padre, esposo, hijo o hermano que murió en esta insensata vorágine de violencia que estamos sufriendo los habitantes de este paí­s. Siempre hemos pensado que cuando ocurre un hecho como éste, es decir cuando un agente del orden muere cumpliendo con su deber de proteger al ciudadano honrado y enfrentando a los delincuentes, la sociedad tiene que reaccionar y mostrar por lo menos su solidaridad con los deudos de aquellos representantes de la autoridad que rompen con el patrón de la indiferencia y se enfrentan a los maleantes con el riesgo de su propia vida.

Pero lamentablemente nos hemos endurecido tanto que la muerte apenas si nos inmuta cuando no nos afecta de manera cercana y directa. Es tanta la cantidad de noticias que recibimos por la prensa, la radio o la televisión sobre hechos de sangre en los que alguien pierde la vida, que terminamos oyéndolas como quien oye llover, es decir, asumiendo la muerte como parte del macabro paisaje de nuestra patria.

Y no reparamos en la acción valiente de agentes que en condiciones de inferioridad se enfrentan a los maleantes para cumplir con su deber, un deber que evidentemente no es asumido igual por todos sus compañeros, lo que convierte a las ví­ctimas en verdaderos héroes que debieran ser ejemplo.

En otros paí­ses cuando un agente de la autoridad muere en el cumplimiento de su deber se producen verdaderas expresiones colectivas de pesar y de agradecimiento a quienes ofrendan su vida por proteger la de los particulares. En Guatemala no existe esa actitud porque en general la muerte no es una cuestión del otro mundo más que cuando ocurre en el entorno muy cercano y eso es terrible porque no sólo no valoramos la vida, sino que tampoco los gestos valientes y heroicos de quienes se sacrifican por nuestra seguridad.